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No lo calienta ni el sol

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Por Jessica Rosales

Muy molesto anda el alcalde de Ocampo, José Alfonso Pecina, a quien no lo calienta ni el sol de la Región Desierto por los fuertes señalamientos que ha lanzado en su contra el movimiento que encabeza el aún perredista Gustavo de la Rosa, a través de su asociación Unidad de la Fuerza Indígena y Campesina.

Según la acusación, hace un año el director de la Policía Municipal de dicha población presuntamente torturó a una mujer policía por no realizar los ejercicios físicos que se le indicaron. “Me tableó”, asegura la afectada, María Elena Barbosa Vega.

Por temor a represalias, señala que fueron varios meses después cuando interpuso la denuncia ante la Procuraduría estatal y  un año más tarde en la PGR.

En su defensa, el alcalde declara que Barbosa Vega filtraba información sobre los operativos de seguridad a integrantes de la delincuencia.

Como periodistas, nuestra responsabilidad es informar ambas versiones, serán las autoridades quienes determinen responsabilidades, en caso de que se acredite algún delito, pues está claro que no somos Ministerio Público.

Lo que no se vale es que el alcalde, que gobierna a unos 4 mil 500 habitantes, despotrique y ataque a los medios de comunicación, cuya obligación es preguntarle del tema y darle cabida a todas las partes.

Con actitud prepotente y déspota, reprocha que medios de otras regiones no publiquen información de las acciones que realiza su Gobierno y, por el contrario, se le pregunte sobre estos hechos.

En primer lugar, su personal de Comunicacion Social hace un pésimo trabajo porque no existe canal de diálogo para conocer la postura oficial ni el trabajo que realiza en el Municipio. Considerando la lejanía de su municipio con otras regiones, lo lógico es que  tenga una estrategia de informar sobre las acciones de Gobierno o por lo menos aprovechar que tuvo la oportunidad de establecer un lazo con medios estatales para dar su versión.

Pero el alcalde mejor utilizó el tiempo para lanzar más reproches. “¿Por qué lo bueno no se publica?”, cuestionó. Perdón, pero no podemos adivinar a kilómetros de distancia si al señor se le ocurre inaugurar una obra o impulsar algún programa social.

Se le pregunta porque es un hecho público que incumbe a su Gobierno y es su obligación como servidor público responder.

Los cuestionamientos fueron: ¿cuál es la versión del Ayuntamiento sobre estas acusaciones?, ¿cuál es el estatus de esta policía?, ¿pasó sus pruebas de control y confianza? Y ante la respuesta del edil en torno a que traicionó a la corporación como aliada de la delincuencia organizada, le preguntamos, ¿el Ayuntamiento tomó acciones legales contra la elemento?

Pero parece que el alcalde de Ocampo confundió a los periodistas con jueces y tomó las preguntas como un interrogatorio judicial. ¡Que alguien le explique la diferencia!

 Su obligación como servidor público es rendir cuentas a los ciudadanos, y con mayor razón si se trata de acusaciones graves en su contra.

Le recomendamos que mejore sus canales de comunicación para informar a la ciudadanía sobre los temas de interés, como lo hace cualquier Gobierno responsable en este país.

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