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Yo soy Pepe, yo soy Toño, yo soy Lalo

Por Julián Parra Ibarra

La frase principal de un spot televisivo y radiofónico para promover a los emprendedores para crear nuevas empresas, y con ello generar empleos y riqueza en nuestro país, reza así: “Yo soy Pepe”, “Yo soy Toño”, y algunos niños dicen que cuando sean grandes quieren ser Pepe o Toño o lo que es lo mismo, jóvenes empresarios que impulsen y promuevan el desarrollo de nuestro país.

En Torreón sin embargo, ha surgido la antítesis de Pepe y Toño, con el nacimiento del slogan “Yo soy Lalo”, que representa –obvio, si es la antítesis-, la holgazanería, la corrupción, la opacidad, la mentira, el engaño, la ineptitud, la irresponsabilidad,  y como cereza del pastel, el cinismo y el valemadrismo.

Aprovechando que hace tres años los ciudadanos torreonenses estaban sumidos en la peor de las decepciones porque el gobierno en turno no daba pie con bola, que todos los servicios básicos como la limpieza, el pavimento, el alumbrado, el suministro de agua potable y la seguridad pública estaban en el peor de los abandonos, se abrió la coyuntura para que entrara un lobo con piel de oveja.

Como si se tratara de una cinta cinematográfica –Como aquella de ‘Salvando al Soldado Ryan’-, surgió la figura salvadora del municipio con el slogan de ‘Rescatemos Torreón’ y tras de sí su ‘Ola roja’. La gente creyó que peor que como estaba su ciudad, no se podía estar, pero no contaban con la astucia de Lalo, y éste lo consiguió.

Muchísimo más temprano que tarde, sobrevino la decepción al grado tal que la gente evoca recuerdos de ex alcaldes que se consideraban como los peores que ha tenido el municipio: el priista Mariano López Mercado, finado; y el panista José Ángel Pérez Hernández. Aún esas administraciones son recordadas hoy con nostalgia, porque ‘ahora resulta que estábamos mejor cuando estábamos peor’.

El motivo para burlarse de José Ángel Pérez por no haber podido alcanzar su sueño de tener ‘La mejor policía del norte de México’, se le ha revertido al “Yo soy Lalo”, cuando la contundencia de los números, de los hechos y de la realidad le llevaron a admitir las terribles cifras de muertes violentas que se han registrado en Torreón en lo que va del presenta año, y que lo pintan para ser el más violento en la historia moderna del municipio, donde, hasta la mañana del 10 de julio admitió 59, pero para la hora que la información se difundía en los noticieros, la lista ya llegaba a los 61. En lo que va del año, la escalofriante cifra supera las 400.

La excusa perfecta es que son ajustes de cuentas entre las bandas rivales que se disputan el control de la plaza, y que lo que sucede en Torreón es parte de lo que ocurre en el contexto de violencia en todo el país, y que son delitos que tiene que atender el gobierno federal. Ni esa ni ninguna otra explicación, sirven para darle tranquilidad a la ciudadanía que le otorgó su voto a Lalo, hastiados de la violencia que padecía la ciudad, con la esperanza de que en verdad llegaba a ‘Rescatar Torreón’. No sólo no lo rescató, sino que lo metió en el hoy más profundo de la historia reciente.

La violencia ha venido creciendo de manera exponencial, alarmante y escalofriante. Los servicios básicos paulatinamente han vuelto al estado en el que se encontraban antes del ‘Rescate’: pavimento deteriorado, ciudad sucia, calles obscuras -amigo este hecho de la delincuencia-, pésimo servicio de limpieza, de agua potable, cero obra pública –su mejor obra será que mandaron quitar la ‘joroba’ frente a la Central Camionera-, no hay inversión, pero tampoco dinero.

¿Dónde están las recaudaciones históricas del predial, lo que se recaudó por conceptos de impuestos que están en la Ley pero que no se ejecutaban como el de los notarios, las funerarias, los casinos y hasta a los organizadores de carreras atléticas, lo que se rescató después de cerrar centros comerciales aún a costa de acabar con fuentes de empleo?

Buenos para cobrar, pero pésimos para transparentar y para manejar el uso de los recursos públicos, que no son suyos, sino del pueblo al que dicen gobernar.

¿Dónde están los dineros del pueblo en una administración que su única vocación es recaudatoria pero que nadie sabe a dónde va a parar ese dinero porque no se pagan las deudas del municipio, dónde está si le deben a todos sus proveedores y se ha llegado incluso al colmo de dejar de pagar hasta tres quincenas a trabajadores manuales de instalaciones municipales que no perciben más allá de mil 400 pesos por quincena ‘porque no hay dinero’? ¿Dónde está la transparencia en una administración que sin decir ‘agua va’ toma ‘prestados’ 32 millones de pesos de las pensiones de los trabajadores, que vende vehículos propiedad del municipio y el dinero no ingresa a las arcas municipales?

El problema es que “Yo soy Lalo” en realidad nunca logró mandar en una administración que se supone él encabeza, pero en la que todos toman decisiones menos él, porque ante su incapacidad para controlar y meter orden en su equipo, desde un principio se instaló un la cómoda posición del ‘valemadrismo’.

Por eso jugó a querer ser Senador, pero como no lo consiguió, su ‘valemadrismo’ ha sido creciente al grado que nada le importa de lo que ocurra en su municipio. Como no lo dejaron ser Senador, está en el papel de ´todo me vale madre’, y no hace, pero deja a todos hacer, pero lo que a cada quien le pega su gana.

Y como en realidad no tiene nada que hacer, se entretiene ventilando –según lo publicó la columna Acontecer de El Heraldo de Saltillo, los mensajes que vía BlackBerry, le ha enviado recientemente el ex gobernador Humberto Moreira Valdés, dramatizándolos y burlándose de ellos.

Pero eso tampoco debe sorprender, los antiguos decían que ‘Los mezquites no dan nueces’, y que el que traiciona una vez, traiciona siempre –remember Raúl Sifuentes Guerrero-. Ese es su ‘modus operandi’, ha escalado traicionando a sus protectores, y de los judas nada bueno se puede esperar.

Pobre Torreón, que no tiene ni a Pepe, ni a Toño, pero sí tiene a Lalo.

jparrai@yahoo.com

julianparra@coahuiltecamedios.com

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