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Salvador Hernández VélezPor Salvador Hernández Vélez

En el libro “Medios de Comunicación y Sociedad”, coordinado por José María González Lara, se presentan diferentes ponencias del “Foro Medios Masivos de Comunicación y Sociedad”. En éste se reflexiona sobre la realidad concreta, el análisis del desarrollo de la sociedad y sus problemáticas, sobre todo aquí, en Saltillo. Este trabajo es un esfuerzo de los Cuerpos Académicos de las Facultades de Trabajo Social, Ciencias de la Comunicación y la de Educación y Humanidades de la UAdeC.

Los temas tratados versan sobre ética, lenguaje en los medios, la influencia de la TV en el consumo de la comida chatarra, los jóvenes universitarios y las redes sociales, la comunicación en el proceso educativo y la influencia de la TV en el bullying. También abordan la conflictividad, el consumo cultural de los universitarios, los temas de diversidad cultural en los noticiarios de TV, la democracia en los medios, el arte activista y la TV, así como las tribus urbanas.

En la conferencia “Ética y lenguaje de los medios de comunicación: un ejemplo documentado”. Los ponentes abordaron entre otros aspectos el tema de la Posmodernidad, al que me referiré en este artículo. Nos precisan que el uso del término “posmodernidad” refiere a una nueva época, ya sea como negación o ruptura con la modernidad, o con un grado más alto de evolución del proyecto moderno. La posmodernidad es evasiva y múltiple y no es tan fácil de caracterizar o clasificar. Lo más singular de ella es su oposición a los principales dogmas de la modernidad: el racionalismo y la ilustración.

Los ponentes sostienen contundentemente que los nuevos modelos de vida, de pensamiento y de ser humano están en la televisión, la música y el cine, y lo que no aparece en los medios simplemente no existe. Qué realidad tan sofocante. Pero esta es nuestra realidad actual y hay que aceptarla para, a partir de ella, encontrar los caminos que nos ayuden a atender las problemáticas de la sociedad en que nos ha tocado vivir. También nos señalan que la posmodernidad cancela el pasado e invita al sujeto únicamente a vivir el presente.

Se cuestionan si hay alguna salida, si es posible la ética y, por lo tanto, la responsabilidad. Al parecer sí. Sin embargo, hay que reconocer que la Humanidad -de la cual somos parte como ciudadanos-, vive en un mundo cada vez con un mayor número de víctimas, y ellas nos remiten a la existencia de verdugos. A los miles de millones de seres humanos excluidos de los beneficios de la globalización, a los millones de personas que mueren de hambre, a los millones de inmigrantes y desplazados; a todas las especies extintas y en peligro de extinción, a los millones de hectáreas de bosque y selva desertificadas; al agua contaminada y al deshielo de los casquetes polares. Este es el mundo globalizado en el que vivimos.

Frente a esto tenemos la razón anamnética que se presenta entonces como una alternativa al fracaso del proyecto moderno que cada día aumenta las víctimas del modelo neoliberal y a la reacción posmoderna de construir la felicidad humana desde una cultura del olvido. (La razón anamnética es el recuerdo del sufrimiento de los otros, como rememoración pública del sufrimiento ajeno incorporado al uso público de la razón). Es la memoria de los perdedores que reclaman justicia y de las víctimas que exigen rehabilitación, que claman por un lugar auténtico en el entramado social.

Nuestra época postmoderna se caracteriza porque sus estructuras sociales ya no perduran el tiempo necesario para solidificarse, la incertidumbre es lo distintivo de ella. Ahí tenemos como ejemplo el debilitamiento de los sistemas de seguridad social que protegían a los ciudadanos en la vejez. Otro sello del mundo posmoderno, de esta época neoliberal, es que no podemos planificar a largo plazo, nos obligan a vivir en el presente, con modelos de vida dictados desde la televisión o desde las redes sociales.

Frente a ello, los y las participantes del foro en cuestión, proponen que a través de la educación podemos hallar el ideal que soñamos, que no está en la televisión. Pero en una educación caracterizada no sólo por su rigor científico y su profesionalización, sino también una educación, entendida como socialmente responsable y, por lo tanto, necesariamente ética, y que brinde las mismas oportunidades para todos.

 

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