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La sátira confundida en blasfemia. El Loco Dios

POR JUAN BOSCO TOVAR GRIMALDO

Foto: Antonio Ojeda

La memoria de Saltillo aún recuerda aquella tarde-noche del 3 de septiembre de 1918 cuando un incendio terminó con gran parte del Teatro García Carrillo, y el señorial centro de espectáculos de la época dejó sin diversión a un público que boleto en mano veía cómo las llamas que se despedían en el viento se burlaban del infortunio de un público de doble moral.

En cartelera se presentaba la obra “El Loco Dios”, cuya sátira incluía tandas que agredían la castidad, la moral y las buenas costumbres, y quienes aplaudían la misma, por las mañanas se persignaban en la iglesia Catedral, como haciendo un juego de comparsa entre la fe y la insana diversión aderezada con lujuria.

La presentación de esta misma obra, pudo haber sido la causa de un siniestro similar que terminó con los días del extinto Teatro Acuña, símbolo de esta ciudad y que en un intento por recuperarlo se decidió por una obra de restauración en otro lugar, pero esta vez con otro nombre, uno que realzara la figura del político saltillense Antonio García Carrillo, y que años después corriera la misma suerte, por presentar la misma obra “El Loco Dios”.

Aunque nunca se precisaron las causas reales que dejaron sin la cúpula señorial del enorme teatro, sin las tramoyas, los escenarios, la decoración, butaquería, sonido y el escenario de fina duela en madera de pino, siempre se condenó a la iglesia como un posible resentimiento por la obra, su nombre y contenido, decían que los autores intelectuales podrían ser sinarquistas, aunque también habían quien responsabilizaba a fanáticos religiosos y lo más descabellado fue atribuir tal ataque incendiario a un misionero foráneo y algunos frailes pirómanos.

No sería la primera vez que un teatro fuera consumido por el fuego. El Siglo XX comenzó en Saltillo con el incendio del teatro Acuña en 1902, curiosamente en aquellas fechas se presentaba en cartelera la misma obra “El Loco Dios”.

Y a decir de quienes gustan del teatro y sus obras, refieren que la misma suerte corrieron teatros de Monterrey, Guadalajara, Tampico, San Luis Potosí, Querétaro y la ciudad de México, en todos hubo incendios, algunos ya no se recuperaron y en cada uno de ellos se presentaba la misma obra “El Loco Dios” cuando fueron víctimas del fuego que todo lo purifica, según las mujeres que en aquella época atribuían las desgracias a un castigo meramente divino, por mandato de Dios.

En Saltillo, el Teatro García Carrillo inició como un proyecto de recuperación del teatro Acuña un 17 de marzo de 1906, y aunque la obra, que parte de ella, había sido auspiciada por el Gobierno del Estado tendría una fecha de conclusión en los siguientes dos años, no fue hasta el 27 de abril de 1910 cuando fue inaugurado por el entonces gobernador Jesús de Valle.

El incendio del teatro García Carrillo, considerado en el momento de su inauguración, en 1910, como la construcción que introducía a Saltillo en la modernidad, sucumbiría ocho años más tarde a un incendio que produjo su casi total destrucción. Este teatro que, según su constructor y primer propietario, estaba hecho a prueba de incendios, nunca contó con un seguro que lo protegiera de un daño semejante, así lo establece el escritor saltillense Arturo E. Villarreal Reyes, en sus apuntes “Crónica de un Incendio”.

El Teatro García Carrillo, de por sí había despertado inconformidades entre un público asiduo a funciones y obras adaptado a las necesidades de un pueblo que en busca de diversión también buscaba taquillas económicas, y las tandas que llegaban al Acuña y el Teatro Obrero eran aplaudidas por un respetable que se caracterizaba por ser clasemedieros hacia abajo y Saltillo se ubicaba entre las plazas de conocedores y los empresarios les incluían en sus giras y jornadas, a pesar del riesgo de perder al abaratar u ofrecer hasta dos tandas por un boleto.

Tras el incendio del teatro Acuña, la gente de Saltillo se veía sin un espacio para disfrutar de una acostumbrada diversión, después de las corridas de toros y el triste espectáculo de los juegos de pelota, las obras foráneas eran lo más socorrido para un público que crecía junto con la ciudad.

El proyecto del teatro García Carrillo devolvía la esperanza a los saltillenses, sin embargo, al aplicarse los máximos adelantos de la arquitectura tipo colonial, con acabados europeos y escenarios de primer nivel, motivó que el público acostumbrado a las tandas en el Acuña tuviera como sitio el tercer nivel del recién inaugurado espacio que además traería obras de más categoría como la obra erótica “Salomé” y la presencia de la ovacionada artista de la época Norka Rouskaya, aunque sus más fieles admiradores tendrían que hacerlos desde “gayopa”, porque los mejores espacios habían sido destinados, desde la construcción misma del teatro para la clase alta, los empresarios, los políticos y alguno que otro comerciante.

Cuando se anunció en cartelera la presentación de la obra “El Loco Dios”, nadie sabía que el destino del moderno y señorial teatro tenía sus días contados, casi los mismos que la temporada que se anunciaba dicha puesta en escena. Esa tarde-noche el público saltillense se quedó con los boletos en la mano y viendo como el espectáculo macabro terminaba con el sitio edificado para la diversión, esa noche nadie aplaudió, el incendio duró lo mismo que una obra, casi dos horas.

Después que el incendio acabara con lo mejor de la arquitectura moderna, la decoración y la majestuosa cúpula, el Teatro García Carrillo dejó de operar como tal, aunque aún preserva intacta su taquilla, un pleito legal entre la familia dueña del inmueble dio origen a la recuperación del predio por parte del Ayuntamiento, que lo maneja a la fecha como parte del patrimonio de todos los saltillenses y en espera de una distinción nacional por la conservación del mismo y la historia que en él se encierra.

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