Si Diego Rivera estuviera vivo, seguramente tendría un problema muy serio a la hora de llenar sus datos en las hojas de migración del aeropuerto. Y es que Diego no solamente posee uno de los nombres más peculiares, sino también una de las biografías más fascinantes, llena de pasión y de intrigas, al lado de su querido Frida. Ahora ya conoces su nombre completo, pero sigue leyendo y descubrirás la vida y milagros de Diego Rivera.diegorr

Diego nació en Guanajuato, el 8 de diciembre de 1886; tuvo un hermano gemelo, Carlos María, quien murió de tan sólo un año y medio de edad. Desde los diez años, Diego comenzó a acudir a lecciones nocturnas en la Academia de San Carlos, donde también asistía José María Velasco. Desde muy joven demostró un innegable talento y fue incluso becado para sus estudios por parte del entonces Secretario de Educación, Justo Sierra y el gobernador de Veracruz, Teodoro Dehesa. Entonces se embarcó en un viaje hacia el viejo continente, con destino a España donde conocería a sus grandes maestros inmortales, Goya y El Greco.

No sólo se trataba de estudiar y estudiar, el joven Diego tenía mucho amor para dar y pronto encontró en la pintora rusa, Angelina Beloff, una recibidora, con quien incluso procrearan un hijo que no alcanzaría un año de vida. La naturaleza de los artistas, quienes se encuentran a flor de piel con sus sentimientos y sus pasiones, suele ser arrebatada, enérgica, intensa siempre. Y así, intensos, suelen ser también sus intereses e inclinaciones políticas. A diferencia de sus contemporáneos afiliados a uno u otro líder o comandante de uno u otro ejército, Diego no participaba directamente en los conflictos políticos y militares de la Revolución Mexicana.

Así Diego iba y venía, compartiendo su hogar un poco aquí, otro poco en España, en Argentina o Francia y otros países sudamericanos. En sus viajes, conoció a artistas de gran talla como Montparnasse, Picasso, Alfonso Reyes Ochoa, y otros exponentes de la entonces corriente del cubismo europeo.

Transcurría el año de 1919, una hija, fruto de una relación extramarital con Marievna Vorobieva aparecía en el mapa junto con grandes noticias desde México. Ahora sería enviado a Italia para conocer el arte del Renacimiento. Pero Justo Sierra era desplazado por José Vasconcelos y entonces sí, Diego comenzaba a involucrarse son la vida política de su país. Regresó a México para participar en las campañas de Vasconcelos junto con otros muralistas mexicanos, Rufino Tamayo, David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco.

Al fin su vida se había establecido en México y con ella, la esperanza del amor dibujada en la piel morena. Larga y negra cabellera y ojos verdes de la india Guadalupe Marín. Con ella contraería segundas nupcias y como fruto de su relación vinieron al mundo Lupe y Ruth. Entonces, Diego había realizado la pintura mural del Anfiteatro Bolívar, en la Universidad Nacional, el fresco de la Secretaría de Educación Pública, el Palacio de Cortés en Cuernavaca y Palacio Nacional de la Ciudad de México. Pero un hecho marcaría rotundamente su vida, la anexión al Partido Comunista Mexicano.

En 1927, Diego fue invitado a los festejos de los primeros diez años de la Revolución de Octubre, en la entonces URSS, en la Ciudad de Moscú. Guadalupe Marín ya era historia. Ahí vio por primera vez a aquella mujer perturbada, que definiría en adelante el resto de sus días, su querida Frida Kahlo.

El Partido Comunista y Diego comenzaban a tener roces y era preferible una separación, y el pintor y su tercera esposa eran bienvenidos en los Estados Unidos para la realización de obras, donde sus tendencias comunistas causaran algunos comentarios adversos. En Nueva York, Diego pintaría el vestíbulo o entrada del hoy magnífico Rockefeller Center, puramente capitalista. Ahí Diego realizaba su obra “El hombre controlador del Universo”, pero entonces, ¿por qué no?, incluyó la cara de Lenin. Claro que los vecinos del norte más se tardaron en ordenar su destrucción, que Diego en ser invitado a retirarse voluntariamente a fuerzas de regreso a su país natal.

En 1936, durante el mandato de Lázaro Cárdenas, llega a México bajo la figura del asilo político, uno de los personajes que marcarían su vida, el ruso León Trotsky. Diego lo recibió donde vivían él y Frida, La Casa Azul. Este incidente abrió la puerta de rumores sobre un supuesto romance entre León y Frida, y entre la mujer de éste y Diego. Después de un corto tiempo, Frida y Diego se divorciaron y éste contrajo matrimonio nuevamente con Emma Hurtado.

Diego Rivera ilustró en sus murales y pinturas, las obras de grandes artistas pertenecientes a distintas disciplinas como las ilustraciones de Canto General, de Pablo Neruda. Los muros de Palacio Nacional contienen sus obras, como es el ejemplo del cubo de las escaleras, donde Diego ha inmortalizado ahí a sus amigos, esposas y amantes. Es curioso que al lado de Frida, Diego haya pintado a la hermana de ésta, Cristina Kahlo, pues hace sospechar sobre una relación extramarital.

Diego Rivera falleció el 24 de noviembre de 1957 en su casa de San Ángel. Contrario a su voluntad, fue sepultado en la Rotonda de las Personas Ilustres. Se ha escrito en muchas ocasiones, su biografía, se le ha representado en la televisión, en el cine y en el teatro. Sus obras se encuentran dentro de las más cotizadas del mundo y ocupan lugares muy importantes en los más selectos museos de las más exclusivas ciudades. Hablar de Diego Rivera no es hablar de pintura, es un diálogo que va desde sus mujeres, su forma de pensar, su forma de actuar. Es hablar de rebeldía, de voluntad, de política, de soledad, con unas pinceladas de locura.

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