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¿Qué pasó en Coahuila?

Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia

Por Joselo De Velasco

Para dar vuelta a cualquier página debemos primero comprender lo que había en ella, lo que vivimos como estado y una vez entendido dejar de ser manipulados por intereses de otros, porque nos guste o no y se aplica para cualquier ideología o partido, “cada vez que apoyamos a un político apoyamos también sus intereses y negocios”.

La historia de nuestras elecciones no comienza siquiera con el proceso electoral sino mucho antes, los partidos con intereses reales en la gubernatura de Coahuila, al igual que pasa en otros estados, comienzan sus análisis y estudios desde unos dos años antes de las votaciones, quien es gobierno busca áreas de oportunidad que reforzar y mantener en su administración para volverlas las banderas que mantengan su triunfo. El gobierno encontró en la seguridad su mayor fortaleza, esta apuesta fue ganadora cuando los gobiernos panistas que entraron a finales del 2015 no pudieron mantener los indicadores de seguridad que tenían antes de la alternancia, sin embargo ofertar seguridad y mantenerla en sus administraciones no iba a ser suficiente para que continuara el PRI en Coahuila y ellos como partido lo sabían y entendían, ¿Pero entonces que hacer?

El PRI estudió todos los escenarios posibles de elección y construyó el que más le convenía, sabiendo que su estructura no sería suficiente y que las críticas y descontento social hacia su partido harían imposible conseguir más adeptos para su devaluado partido comenzó a tejer la red para la oposición.

“El mejor actor es el que no sabe que está actuando” y así metieron a cada uno en su personaje sin un guion estricto, pero con entradas y salidas exactas. El primer acto fue con iluminación azul, el director se encargó de llenar los egos de dos que tres figuras panistas para que frenaran la pavimentada candidatura de Guillermo Anaya. En el senado Luis Fernando Salazar y Silvia Garza fueron tentados, les lanzaron los anzuelos correctos, entre los favores que se piden los políticos para pasar y destrabar iniciativas y leyes fueron engatusar a este par y hacerles crecer la ambición. En Saltillo se hizo lo mismo, Isidro López al igual que Gerardo García en Monclova enamorados de los reflectores y de la fama ranchera bajaron la guardia y aceptaron cumplidos sin reparar de parte de quien venían, empresarios priistas y empleados lambiscones sin estadísticas o encuestas reales.

Con esto lograron el primer objetivo, división panista y que el PAN perdiera el tiempo y en lugar de fortalecer más a su candidato natural se enfocarán a legitimar la candidatura de Memo Anaya, la cual ya había sido negociada con Ricardo Anaya desde mucho tiempo antes. ¿Qué hubiera pasado si en lugar de campañas internas y los pleitos que conlleva, el PAN se hubiera fortalecido en torno a un candidato designado? Sin duda habrían tenido una estructura fuerte y motivada en lugar de la que trabajó en campaña, con heridas de rivalidades internas.

La telenovela que vivió Armando Guadiana merece también un amplio análisis, a grandes rasgos podemos situarlo como un personaje que después de pelear por años contra “los Moreira” termina siendo factor fundamental en el triunfo tricolor. ¿Esto le provoca un gran coraje o era consciente de la carga en la balanza que de su candidatura resultaba? En la segunda hipótesis cabe una negociación fuerte con Andrés Manuel López Obrador en la que Guadiana reciba una diputación o senaduría plurinominal a cambio de darle a MORENA el registro estatal, no olvidemos que el 11.01% de la elección que obtienen lo recibirán proporcionalmente en prerrogativas. AMLO nunca ha odiado el triunfo del PRI tanto como el del PAN, sus orígenes en dicho partido y amistades en él lo sitúan propenso a aceptar el triunfo priista si dentro de este hay ventajas para su proyecto en el 2018. No olvidemos que ahora es MORENA tercer fuerza política, con tan sólo dos diputados, pero en un escenario donde diez partidos pequeños perdieron el registro y en parte porque sus simpatizantes perdieron el miedo a votar por candidatos como Armando Guadiana. 

Lograr que éste simpático ranchero de bigote y sombrero se decidiera a ser candidato en lugar de trabajar por Memo Anaya fue una batalla fundamental, no olvidemos que fue él quien primero comienza las peticiones y trabajos para presionar por respuestas de la deuda de Coahuila, su fundación “Claridad y Participación Ciudadana” fueron el primer dolor de cabeza que llevara a la devaluación del PRI en el estado. Debió de ser mucho lo que ofreció AMLO a Guadiana para que éste aceptara ser factor en la división de la oposición. El empresario minero es todo menos idiota, claro que comprendía que su participación abonaba al PRI, en todo caso había hasta panfletos y anuncios espectaculares que lo explicaban, el líder moral de la UDC, Lenin Pérez le dedicó un anuncio pidiendo la declinación y poniéndole las cartas sobre tanto a candidatos como a militancia y simpatizantes. Aun así Armando Guadiana continuó su candidatura, hay que aceptar que las encuestas se equivocaron mucho con él, le daban un 20% lejano a la realidad obtenida pero en su momento muy creíble, no olvidemos sus participaciones en los debates donde entre chistes y apodos a los contrincantes como el mentado “Memoches” lograba la aprobación ciudadana. Ahora entendemos que ser simpático no le dio simpatía electoral sino apertura en los medios y colonias del estado.

Ser Javier Guerrero en estos momentos no se lo deseo ni al peor de mis enemigos, utilizado como ingenua e ilusionada compañera de clase para darle celos a la exnovia, se veía como gobernador de un estado que no le dio ni el 8% de sus votos. Lo que hicieron con él fue ruin y vergonzoso, aunque en política para algunos (no lo comparto), la ética es más laxa y la moral flexible, los anzuelos que mordió el sampetrino sólo se justifican aclarando que en gran medida fueron mordidos por el ego y soberbia características de la pseudointelectualidad. No nos equivoquemos, desde el principio Javier Guerrero veía al PRI como el más factible ganador de la contienda, por eso buscó en un sin número de veces la candidatura tricolor, fue hasta darse por vencido con su partido que decidió ir por la vía independiente.

La historia tras bambalinas narra que en la búsqueda cupular priista de un independiente fuerte que partiera el voto de oposición al único actor que se le pidió no optar por esa vía fue al también diputado federal Jericó Abramo, su partido le recuerda la necesidad de disciplina política y le paran en seco cualquier intención, ¿Por qué? Puesto que el ex alcalde de Saltillo hubiera ganado suficiente simpatía de priistas como para que perdieran la elección, su nombre en las boletas hubiera dado a Coahuila un independiente con verdadera fuerza. Hoy vemos claramente como bastaban 30 mil simpatizantes priistas que optaran por Jericó para cambiar la historia. Vimos todo lo contrario, un político de clase que levantó el brazo del candidato de su partido, ¿qué buscará Abramo Masso en 2018 con el nivel de aceptación ciudadana? Lo respeta ahora su partido y terminará una productiva legislatura sin chapulineos.

Volviendo al tema de Guerrero, ¿Cómo fue posible que juntara 200 mil firmas en el proceso para la candidatura independiente y después sólo 65 mil votos? Fueron priistas principalmente quienes corrieron a darle el visto bueno para la campaña sabiendo que en su estructura no abriría un gran boquete, también panistas creyendo que a quien robaría los votos sería al PRI y no a la ciudadanía opositora. Estoy seguro que muchos priistas que estuvieron con él en la campaña, que pegaron calcomanías en autos o banderas en sus casas eran actores, el 5 de junio ya no veíamos propaganda del independiente. Fue engañado por muchos priistas, desde Catón que presentara su libro aquel día en que revela públicamente sus aspiraciones por contender a la gubernatura, alimentando sueños a sabiendas de la carencia de reales oportunidades, hasta los burócratas que prestaron no sólo sus autos y hogares sino su tiempo para, como decimos aquí, hacerle el caldo gordo. Reconozco que hubo a quienes logro convencer, sus verdaderos simpatizantes lo apoyaban no de voto sino de credo. No me sorprendería verlo buscar una senaduría independiente, en la que los 65 mil votos que obtiene en esta elección se vuelven una tarjeta de presentación y ahora sí, una oportunidad real de triunfo.

Lucho Salinas tenía un buen discurso mas no supo llegar a la ciudadanía, la idea romántica de que el pueblo abra los ojos como en la película de Disney “bichos” y decidieran acabar con los saltamontes opresores, venciendo los miedos a represiones y juntos derrocaran al eterno poder no se logra en un estado con dos estructuras partidistas, sobra explicarlo. Tengo mis dudas, ¿Sería un plan B en caso de que Javier Guerrero declinara por Anaya? Quizás por eso mantuvo tan bajo perfil en campaña, esto último se sabrá hasta que sus cercanos decidan confesarlo a dos que tres personas y nos llegue la repuesta. También me pregunto si como candidato hubiera sido capaz de levantar en las preferencias ciudadanas, su primera campaña sonaba tibio, sus declaraciones aprendidas y no sentidas. Quizá con esta campaña que ahora hace junto al frente opositor por un Coahuila Digno le sirva de escuela y para jalar adeptos para una futura búsqueda, quizá una alcaldía o diputación federal en las elecciones del dieciocho.

Coahuila tuvo una candidata a gobernadora por primera vez. Se comportó a la altura de una gobernanta y no gobernadora, estoy seguro, desde el principio tuvo un único objetivo, evitar la alianza PRD-PAN, no olvidemos que en enero la coalición opositora se presentó con 5 partidos, PAN, UDC, PPC, PES y PRD, fue la propia Mary Telma Guajardo quien se encargó de sacar al partido que en Coahuila secuestra/dirige de esta unión de fuerzas. Recuerdo aquella noche en que llegó directo del aeropuerto de Monterrey, proveniente de la Ciudad de México a entregar al IEC el acta con que su partido desconocía la coalición, como si esto fuera un triunfo y no la acción con que perderían el registro local. ¿Cuánto habrá obtenido por semejante arbitrariedad hacia los militantes de la Revolución Democrática? En más de un municipio vimos ejemplos de militantes perredistas declinando inclusive candidaturas a alcaldías en favor de Acción Nacional y la coalición que encabezaba Memo Anaya. De ser Militante de este partido habría hecho lo mismo, una pésima campaña por parte de Mary Telma orillaba a actuar así, reciclando su imagen de los 70’s como la oficial, con lemas arcaicos, sin propuestas factibles y lemas de lugar común hacia su género, a todo esto se debe sumar la mala organización y poco ingenio de su equipo. De las peores campañas que he visto en mi corta vida.

Por otra parte, el PRI hizo una campaña como las hace siempre, tal cual las sabe hacer y las ha llevado a cabo desde que se convirtió en el partido más criticado del país, lemas como “no a la guerra sucia”, “seremos un partido de propuestas” y el clásico de clásicos, “nuestros adversarios no saben gobernar” llenaron sus espacios publicitarios y los hogares que visitaron sus candidatos. Parece ser que aun funciona, además fue un candidato que salvo dos que tres tropiezos como los relojes y un intento del senador Luis Fernando Salazar por develar empresas fantasmas en el municipio que gobernaba, logro una campaña tranquila que no incitara al crecimiento del voto de castigo. Mientras tanto fortalecieron su estructura evitando el mayor riesgo, la ruptura o traición de sus militantes. Si somos estrictos con este partido podemos decir que fallaron en mantener su estructura cuando en la elección interna de candidato aseguraron que votaron 510 mil simpatizantes y en la elección a gobernador se quedaron a 30 mil votos de dicha cifra. También podríamos decir que la cifra en la elección interna fue inflada para pasar del medio millón como acto intimidatorio.

¿Humberto Moreira fue un factor decisivo en el triunfo de Miguel Riquelme como lo señaló en campaña? Ciertamente el partido que abanderó su lucha social perdió el registro y no obtuvo la diputación plurinominal, al interior del Partido Joven atribuyen principalmente esta derrota a un mal conteo de votos, como iban en coalición para alcaldías y gubernatura señalan que algunos funcionarios dieron sus votos a candidatos a diputados del PRI. También señalan dentro de los factores amenazas o coacción del voto de sus simpatizantes. Lo innegable es que el exgobernador y ex líder nacional del PRI contendiendo plurinominal por un partido tan pequeño acaparó el mayor porcentaje de las notas nacionales y fungió como muro de contención para los ataques que recibiera el PRI, todos vimos un momento de la campaña, muy en específico a tres semanas de que concluyera en que inclusive el PRI criticaba al PJ.

Puedo decir que Guillermo Anaya fue un buen candidato con una mala campaña, repetir era la mejor opción para el PAN, prueba de ello fueron 5 candidatos que repetían contienda a gobernador de los 7 triunfos obtenidos en 2016. Memo estaba dentro del “me la deben” que parecía una infalible fórmula ganadora. En una breve plática que tuvimos dos semanas antes de la elección el candidato me confió que esperaban una elección cercana al 63% de participación, con estos números muy posiblemente obtendrían el triunfo, la votación fue de un 59.54% del padrón electoral.  Sin embargo, hay dos formas de ver evaluar al Guillermo Anaya, si comparamos al Anaya del 211 que pierde por 25 puntos porcentuales con el de 2017 que queda abajo a tan sólo 2.5 puntos veremos un amplio crecimiento, pero si nos vamos a números encontramos que sus votos sólo aumentan en 29,245. La mayoría del estado no quería al PRI en el poder, como tampoco en la elección de Peña Nieto o como la mayor cantidad de mexicanos no quiso a Calderón en 2006. Esto lo veremos siempre que existan elecciones de tercios donde el más cercano al 40% será ganador. Esto nos hace cuestionarnos, ¿Es momento de implementar la segunda vuelta electoral? Hay un gran número de mecanismos para ello, por lo pronto y sin análisis de cuál sería la mejor opción para nuestro país podemos agregarla a la lista de pendientes democráticos sin resolver, ahí justo debajo de la eliminación del fuero y la desaparición o la amplia disminución de los diputados plurinominales. 

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