Por Julián Parra Ibarra

A la basculaEn los días recientes, el tesorero municipal de Torreón, Pablo Chávez Rossique ha recibido metralla fuerte, y casi continua. Mediáticamente ha sido acribillado a mansalva, pero también la Auditoria Superior del estado ha contribuido, porque es quien ha estado abasteciendo el parque necesario. Unos y otros piden la cabeza del hombre de los dineros, que lo cesen, que se vaya, que lo corran.

Yo no estoy de acuerdo. No creo que Pablo Chávez deba irse, al contrario, debe ser el último de los funcionarios de la actual administración en marcharse, junto con el Alcalde, el último día de este año, en el último minuto de diciembre, hasta el segundo último de su mandato.

Desde el primer año, las sombras de las dudas han estado encima de las finanzas municipales, y aunque los señalamientos han sido permanentes por parte de la Oposición, concreta y particularmente de parte de la síndico de vigilancia, Luz Natalia Virgil y el regidor Rodolfo Walls Aurioles -panistas ambos- Chávez Rossique había sabido capotear muy bien las embestidas.

Los señalamientos desde el primer año giraban en torno a la abultada nómina, a la falta de obras públicas, a la falta de recursos y de transparencia en su manejo y, casi de inmediato por la falta de pagos a proveedores de los más diferentes proveedores y servicios…y encima de todo una deuda pública galopante, cuyo monto sigue siendo motivo de grandes polémicas.

Se hablaba de los adeudos que se empezaron a generar con la CFE, con PASA con el sistema de pensiones, e incluso que al cierre del primer año –y del segundo, y del tercero, y del cuarto- de la administración, el Municipio no tendría para cubrir el pago de los aguinaldos de los trabajadores.

A gritos y a sombrerazos Pablo Chávez malabareó con los recursos para en los hechos refutar las críticas de los panistas. Sin embargo, al cierre del tercero ya las cosas se complicaron, porque a una gran parte del personal de confianza le cubrieron el aguinaldo en dos parcialidades, una en diciembre y otra en enero, aunque a algunos, como los trabajadores del DIF, los alcanzó el periodo vacacional, y no pudieron tener una feliz Navidad porque a ellos simplemente no les llegó nada.

Incluso la titular tuvo que ofrecer, a nombre de la administración, una disculpa por la falta de su pago.

Acostumbrado –y casi podría decir que disfrutándolo- , a las críticas, este año no cesaron, salvo en un periodo en el que el tesorero tuvo que ser sometido a una cirugía y luego el tiempo de convalecencia. Si en un momento se había pensado en removerlo del puesto, ese habría sido el adecuado, porque su ausencia temporal generó también un gran silencio en su derredor, y el amainamiento de la metralla mediática.

Pero tras su regreso las cosas volvieron a la ‘normalidad’, es decir, con un Pablo Chávez protagónico, polémico, atrayendo los reflectores. No cabe duda que es una ‘ave de las tempestades’. Pero todo lo que desde un principio vino siendo denunciado por los panistas no tuvo el peso que, sin embargo, sí tuvo el hecho de que hubiera cumplido a destiempo con la entrega de los estados financieros del municipio a la Auditoría Superior del estado.

Es decir, resultó mucho más grave una falta administrativa que eventuales manejos irregulares y desvío de recursos denunciados tan insistentemente por Virgil Orona y Walls Aurioles. Entonces, como incumplió con los plazos establecidos por la ASE, éste órgano ha venido insistiendo en que la cabeza del tesorero torreonense deba caer.

Yo no estoy de acuerdo. Pienso que Pablo Chávez debe quedarse, a dar todas las explicaciones que sean necesarias para demostrar que, como él dice, las cosas se hicieron bien. Que pruebe en los hechos que son ciertos sus dichos de que los señalamientos de los panistas son puras mentiras.

Que demuestre documentos en mano entonces por qué si no es cierto lo que dice la Oposición, se dejó de pagar casi de manera permanente a los proveedores de productos y servicios que llevaron a la quiebra a muchas de las micro y pequeñas empresas que soñaron que su futuro podría estar solucionado –al menos en el corto plazo- al convertirse en proveedores del Municipio.

Que compruebe por qué si son mentiras las acusaciones de los blanquiazules, por qué toda la administración se ha tenido que negociar y renegociar permanentes atrasos en el pago a Comisión Federal, a PASA, a la empresa que opera los servicios del encendido, apagado y sincronía de los semáforos de la ciudad.

Que cuente cómo y por qué se dispuso durante un buen tiempo de los pagos de las cuotas que correspondían al servicio de pensiones de los trabajadores del Municipio, aunque eso haya sido no solamente éticamente incorrecto, sino hasta ilegal.

Sé que nada tiene que ver una cosa con la otra, pero ojalá me permita usted, amable lector, hacer un comparativo: don Raúl Vera López, el Obispo de Saltillo, siempre se pronunció en contra de las acciones del gobierno calderonista que en su guerra contra el narco masacraba

inmisericordemente a muchos grandes capos en vez de atraparlos -¿Recuerda el caso de Beltrán Leyva al que le pusieron billetes encima para exhibir fotos de su cuerpo de manera grotesca?-.

Él siempre dijo que debieran atraparlos para que dieran la información de todo lo que sabían, porque caso contrario, se irían con ella a la tumba.

Acá sería lo mismo ¿No será acaso una estrategia generar un ambiente mediático para provocar

un consenso ciudadano de que se vaya el tesorero y ‘muerto el perro se acabó la rabia’?

¿No es más conveniente –para los ciudadanos y el Municipio, no para su grupo político- que se quede hasta que comparta la información de todo lo que sabe? ¿No resulta más valioso conservarlo en el puesto hasta que termine de explicar todos los detalles –con bolitas y palitos, con manzanas y naranjas-, rubro por rubro a dónde fueron a parar todos los dineros públicos?

No, definitivamente, yo no quiero que se vaya Pablo Chávez Rossique.

Publicaciones similares