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A la bascula

Por Julián Parra Ibarra

A partir del año 2000, cuando por primera vez en la historia reciente del país llegó a la presidencia de la República el candidato de un partido distinto al PRI, muchas cosas empezaron a cambiar en este país, sobre todo la forma de gobernar. Pero no solamente a partir de la Presidencia de la República, sino en los propios estados, y aún en los municipios.

Por primera ocasión, los gobernadores –particularmente los de extracción priista- se quedaron sin su guía máximo que era el Presidente, el todo poderoso que ponía y quitaba, el que marcaba todas las directrices y nadie tenía derecho a chistarle.

Tras un inicial desconcierto que muchos consideraron el principio del fin del PRI, las calabazas se fueron acomodando en el camino, hasta que los mandatarios estatales le fueron encontrando no sólo la cuadratura al círculo, sino que hallaron la fórmula para ir construyendo pequeños virreinatos, sabedores que ya no había que rendir cuentas a ningún líder único.

Liberados del yugo centralista que significaba la figura del ‘primer priista del país’, los gobernadores incluso se dieron el lujo de crear su propio sindicato para establecer un cierto equilibrio con el Presidente. Fue así que nació la Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago).

Con un priismo como Oposición y el panismo en el Gobierno, cambiaron muchas cosas: estilos y formas de gobernar, la manera como se estableció la relación entre los gobiernos y los medios, y la de ambos con una sociedad  cada vez más crítica y exigente. Cambió radicalmente el que era ‘El Día del Presidente’ que bajo el régimen priista se instauró el día del informe del mandatario en turno; las relación entre los poderes legislativo y ejecutivo, etcétera.

Con todo y la decepción que significó la primera administración panista, el resabio guardado por muchos años contra los gobiernos tricolores, le alcanzó a los panistas para alcanzar un segundo mandato, en el que incluso por primera ocasión en la historia, el PRI no figuró en la pelea por el poder y fue relegado hasta la tercera posición.

Ahora sí, se creyó, era el fin del PRI. En ese momento nadie, o muy pocos, llegaron a imaginar que el tricolor lograría no sólo mantenerse en pie, sino que lograría en seis años más su regreso al poder. Y sí, lo logró, pero regresó a gobernar a un país muy distinto al que era en el momento en que perdieron por primera vez la Presidencia.

La relación con los partidos ya es muy distinta a entonces, pero sobre todo es muy diferente su trato con los ciudadanos. A un año del regreso, el Presidente priista no logra embonar con esta nueva manera de gobernar, no ha podido retomar los hilos para acabar con los Virreyes, y muchos de estos se siguen manejando como eso y no como gobernadores.

Aterrizado en el ámbito de lo local, no tengo memoria ni un antecedente actual, de que un alcalde electo de alguna forma empiece a cogobernar antes de que inicie su mandato constitucional como está sucediendo en Torreón, donde es un hecho el cogobierno de Eduardo Olmos Castro y Miguel Ángel Riquelme Solís.

Aunque legalmente es y seguirá siendo el alcalde hasta el último minuto del último día del último mes del año, la figura de Olmos Castro cada vez está más apocada –y opacada-, en la misma proporción que crece y se consolida la de Riquelme Solís.

Cada vez en más ruedas de prensa, en más eventos están apareciendo los dos, pero incluso la gente le ha venido aplicando a Lalo la ‘Ley del olvido’ que padecen los gobernantes que van de salida. Cada vez lo toman menos en cuenta, en la medida que ya todo trato y relación la quieren tener no con el que ya se va, sino ‘con el que va a ser’.

No recuerdo –y si usted sí, le pediría de favor que me hiciera llegar el antecedente- que un alcalde electo tuviera tanta injerencia en las decisiones de una administración que no es la suya, lo cual quizá no sea ‘políticamente correcto’, pedro dadas las condiciones tan deplorables en que se supone y espera que se entregue la administración, se encuentra la justificación idónea para admitir que así se estén dando las cosas.

Pero además el alcalde electo no se está yendo por la libre, sino que es obvio que cuenta con la bendición y anuencia ‘de más arriba’ para que haga así las cosas, y para que el que está en funciones ‘agache el pico’ y acepte lo inédito que está pasando.

Además, me parece que aprovechando que por primeras ocasión median seis meses entre el día de la elección y el de la toma de posesión, se está trabajando  en distintos niveles para ir preparando no solamente una administración más en Torreón, sino en edificar sólidamente la que será la administración base para conservar en la siguiente elección no nadamás el único municipio de los tres más grandes en el Estado en poder del PRI, sino para mantener incluso la gubernatura.

En Torreón, y desde Torreón, se tejerán y construirán los siguientes resultados del tricolor en todo el estado. No por nada se ha fortalecido la presencia del Gobernador en esta tierra, pero no solo en cuantitativamente, si no cualitativamente.

Hoy le quiere dar un impulso a este municipio de la mano con el sector empresarial con el que la relación en los años recientes había sido demasiado tirante, para construir incluso la ‘marca Torreón’. Hoy incluso el alcalde electo propone públicamente mezclas de recursos Metropolitanos y del ISN con los municipales para apuntalar las obras priorizada por los ciudadanos, y le son aceptadas cuando a excepción de los propios, el uso y destino de estos impuestos se decidían siempre desde la capital.

Por los motivos que usted guste y quiera, pero se advierten buenos tiempos para Torreón a partir del 1 de enero próximo. Ya veremos.

laotraplana@gmail.com

@JulianParraIba

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