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Ludopatía: juegos que destruyenPor Astor Ledezma

Siempre dije que este cuerpo no era mío, comenta Yazmín al tiempo que se arregla la falda. Me pregunta si puede prender un cigarro, si no me molesta el humo. Le respondo que no hay problema. Toma su bolsa y extrae de ella una cigarrera. Me la entrega, pues las uñas de acrílico no le permiten abrirla. Siempre fue muy femenina, dice con una sonrisa. Recuerda cuando era niño: odiaba su nombre, su ropa, su cuerpo. Hace una pausa, se acomoda el cabello, se quita y vuelve a ponerse la mascada que disimula su manzana de Adán. “mi niñez era un asco; nunca pude jugar con muñecas, ponerme vestidos, traer cabello largo, pintarme la cara. Nunca pude ser feliz.

Yazmín es una chica transgénero. Recibió tratamiento hormonal a partir de los 18 años. Gracias a esto, su cuerpo cambió de manera gradual: la voz se tornó más aguda, las caderas se ensancharon;  las glándulas mamarias también crecieron, pero no como ella deseaba: ahorró un dinero extra y las operó. Su vida, comenta, inició en el momento en que su cuerpo reflejó la esencia de la persona que lo ocupaba. “Si desde niño hubiera iniciado el proceso, el cambio sería más efectivo, y me hubiera ahorrado el sufrimiento de la niñez, de sentirme en un cuerpo ajeno”.

Yazmín no contó con la oportunidad que ahora tienen los niños de algunas ciudades de Estados Unidos que, al igual que ella, no están de acuerdo con su género.

Según Eli Coleman, presidente de un comité encargado de actualizar las guías del tratamiento para la Asociación mundial de profesionales de la salud transgénero, hay una serie de señales que deben ser tomadas en cuenta para esta cuestión.

Primeramente no se debe confundir el desorden de identidad de género con la orientación sexual; en el primer caso los niños no buscan relaciones eróticas con personas de su mismo sexo (a tan corta edad no se conciben en la mente del menor) pero sienten preferencia hacia juguetes, ropa y demás productos que van dirigidos a niños del sexo opuesto. Éste tipo de interés se puede dar de manera esporádica, pero al repetirse la conducta y si el varón (o la mujer) siente aversión por artículos masculinos (o femeninos, en su caso) es una señal que debe ser tomada en cuenta por los padres, sobre todo cuando los menores reniegan abiertamente de su género.

Una vez identificado por especialistas, se lleva a cabo la primera etapa llamada “transición social”. Al menor se le deja elegir libremente sobre la ropa que quiere usar, los juguetes y el corte de cabello que desea. Incluso si quiere que lo llamen de otra manera.

En la siguiente etapa se suministran medicamentos que bloquean las hormonas. La pubertad se pospone, el cuerpo no experimenta cambios, evita que los niños sientan rechazo hacia él, y es el momento para descubrir si desean la transición hacia el otro sexo.

La última es la terapia hormonal, más efectiva en edades tempranas.

Es importante que en todo el proceso exista también el apoyo psicológico.

Hay pocos estudios acerca de los niños trangénero, un tema tabú incluso en la comunidad científica.

Habría que generar una apertura a la investigación, promover el estudio médico y psicológico, crear la coyuntura y nuevos procedimientos para que una persona no tenga que esperar hasta la edad adulta para iniciar su transformación, y que la niñez, finalmente,  no sea un lastre para aquellos individuos que nacieron con un cuerpo que no los representa.

@ledezma_astor

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