La Otra Plana

Por: Julián Parra Ibarra

El miércoles 20 de marzo fue uno de esos días en que la carga emocional llega hasta el tope, y que mueve hasta las fibras más intensas porque hacia el final de día rivalizaron sentimientos encontrados que luchaba cada uno por prevalecer en el estado de ánimo, y quisiera -porque son motivos meramente personales-, pedirles permiso a los lectores para compartírselos en esta entrega.

Por la mañana de ese día, la alegría, el nerviosismo, la emoción y el gusto de haber enviado a la ciudad de México, al Ceneval, el trabajo asignado, y que conforma la penúltima prueba antes del examen final presencial, con sinodales y toda la cosa en el DF, que es el último escollo para lograr mi titulación en la carrera de Ciencias de la Comunicación, con la que he soñado muchos años.

Por la tarde, el dolor, el coraje, la impotencia de saber que la salud de mi querido amigo Manuel González ‘El Meny’, había sufrido un quebranto que lo colocó en condiciones de máxima urgencia.

Manuel cumplió un día antes una semana de haber sido hospitalizado en el hospital Muguerza de Saltillo, y al final del martes los reportes médicos indicaban evolución favorable al grado que si seguía en ese camino, entre viernes y sábado podrían pasarlo a terapia intermedia.

Sin embargo, pasado el mediodía del miércoles las cosas dieron un vuelco dramático, y las condiciones físicas de mi querido amigo se vieron terriblemente disminuidas. Los focos rojos se encendieron y las alarmas sonaron fuerte. Se llegó a pensar lo peor, basados siempre en los reportes médicos.

Por la noche cuando el ambiente en el hospital estaba a su máxima tensión, su esposa fue llamada por el médico que le atiende, y a su regreso dio una

noticia alentadora: en las dos o tres horas anteriores había tenido una –aunque ligera- reacción positiva. “Está luchando por su vida, quiere vivir”.

Al momento de escribir estas líneas, las condiciones de salud de mi amigo siguen siendo muy delicadas y de pronóstico reservado, pero yo sigo confiando en que Dios nos va a ayudar a hacer el milagro de devolverle su salud, y Manuel pueda regresar a sus actividades normales como responsable del área de Comunicación Social de la Universidad Autónoma de Coahuila, pero sobre todo, que vuelva a su vida diaria con su familia.

Porque los milagros existen.

Sé que aunque no sea tan pronto, volveremos a sentarnos en su oficina a platicar largo y tendido de todos y de cualquier tema, que cuando vayamos a comer nuevamente en una de mis idas a Saltillo, vamos a recordar este momento sólo como una más de las muchas anécdotas que muchas veces compartimos, y que nos hacían comunes porque ambos somos originarios de la misma región: La Laguna; y porque los dos abrazamos el periodismo, el más bello de los oficios, el que aprendimos de manera autodidacta, y lo hicimos en la misma redacción aunque no coincidimos allí en tiempo: La Opinión.

Más de una ocasión llegamos a bromear –“después de vejez, viruela”, solíamos decir y reírnos de ello-, cuando hablamos de mi inquietud e intenciones de a mis 50 años iniciar el camino trunco del estudio, para lograr finalmente el sueño perseguido de toda la vida, la titulación, que ahora está a sólo un paso.

Sin embargo, Manuel entre broma y broma se interesó por el tema y alguna vez me dijo que si yo lo lograba, le enseñara el camino y le explicara el procedimiento, “porque a lo mejor yo también me aviento”.

Por lo menos al momento de estar escribiendo estas líneas sé que no puede hacerlo aunque está consciente, pero ya habrá oportunidad de que sepa que los muchísimos amigos que ha logrado cosechar a lo largo de su vida, hemos estado muy al pendiente de su salud. Y a lo mejor no lo escucha, pero sí estoy

seguro de que lo siente, todo el apoyo que la gente que le queremos, le prodigamos al amigo.

Una lectora, la señora Susana Terán –otra buena amiga-, escribió a mi petición de orar por la salud del Meny, que ésta debiera ser todos los días, constante, entre todos. Y sí, tiene la razón.

Lo pedí a través de las redes sociales y lo quiero reiterar en este espacio: Les pido de todo corazón que unamos nuestros corazones y nuestras oraciones por la salud de mi querido amigo.

A los que son amigos o al menos lo conocen, les pido de favor que oren por él y que compartan el mensaje para que seamos más los que le estamos pidiendo a Dios por su recuperación. Y a los que ni siquiera lo conocen pero lean estas líneas, les pido que aunque no lo conozcan, también unan sus oraciones y pidan a sus amigos y conocidos que lo hagan. Es un acto de amor, de fe, de humanismo orar por quien está enfermo aún sin conocerlo.

Señor, yo sé que si te abrimos –y te hablamos- con nuestro corazón en la mano, vamos a ser escuchados. Tú mejor que nosotros sabes las condiciones en que se encuentra mi amigo, y lo que realmente necesita para poder recuperar su salud.

En otros momentos te he pedido por otros de mis amigos y en más de una vez nos concediste las peticiones que te hicimos. Por ello en esta ocasión, te suplicamos que no desampares a Manuel, cuídalo y protégelo, sostenlo en tus manos en todo momento, cúbrelo con tu Santo Manto, sana sus heridas, posa tu mano en cada parte de su cuerpo, regenera las partes que estén dañas y devuélvele su salud.

De todo corazón, te lo pedimos, Señor.

jparrai@yahoo.com.mx laotraplana@gmial.com

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