UNIMEDIOS/ TERESA QUIROZ.- A su paso por México los migrantes en su mayoría centroamericanos son víctimas de abuso y discriminación, donde cansados, hambrientos y hasta moribundos buscan  ayuda y acopio durante el tiempo de su estancia por el país.

Con la esperanza de un mejor nivel de vida y en busca del “sueño americano”, miles de viajeros deciden aventurarse a recorrer caminos desconocidos y llenos de peligro, algunos por primera vez, otros volviendo a probar la fortuna que en ocasiones estuvieron a punto de alcanzar, soportando el maltrato de las autoridades responsables de vigilar los caminos y vías terrestres.

Entre los abusos más frecuentes se encuentran, la privación de la libertad, robo, cohecho y extorción,  reclusión humana, golpes e insultos, incomunicación, separación familiar forzosa, retención de documentos, entre otros.

Elmi Antonio Guzmán procedente de Honduras, abandono a su familia, con tan solo 23 Años de edad y 100 pesos que su madre le dio, salió en busca del sueño americano.

Entre los cientos de migrantes que podemos encontrar en su mayoría son jóvenes como él, que con el único fin de llegar a los Estados Unidos  sortean los abusos de los llamados garroteros, comenta  Elmi originario de  Honduras  quien lo recuerda con le tristeza reflejada en sus ojos.

“Fue un garrotero  en  Veracruz  el que me quiso pegar unos tiros, porque veníamos en un tren de químicos y otro le dijo que me tirara unos tiros para que no me volviera a subir y me tuvo amarrado”, comenta tras señalar  que otras autoridades también hacen uso de su fuerza para obstaculizar el viaje de los hombres y mujeres que viven en día a día entre vagones, vías y ciudades alejados de su familia.

Él ha tenido suerte de seguir con vida, pues recuerda el secuestro de uno de sus compañeros del que ya no volvió saber, “Pero no es sólo la autoridad la que trunca su sueño,  también los polleros nos dejan abandonados se llevan tu dinero y te dejan en manos de delincuentes”.

A pesar de los riesgos,  el hondureño como muchos de sus compañeros toma este viaje como un reto que tiene que pasar, para lograr su meta y cruzar al otro lado sin importarle el terrible camino que sufre en el alcance del anhelado sueño.

“Yo cruce una vez por Piedras Negras, por el río,  cruzando al otro lado uno tiene que ir caminando tres días y tres noches esperando no ser  repatriado ni estafado y  es por eso que ahora solo pienso en juntar el suficiente dinero para sobrevivir y continuar de nuevo el trayecto que me falta por recorrer, ahorita mi meta es encontrar trapajo, y tener dinero para seguir”, expone.

El tren, testigo de muerte y violación.

Las vías férreas son testigo de la violación a la que son sometidos, por parte de autoridades quienes despojan del poco dinero que llevan para su viaje a estas personas que sin más remedio prefieren deshacerse de sus pertenencias con tal de poder seguir su camino. Es por eso que Daniel Pérez prefiere emprender su viaje en autobús aunque sea muy costoso.

Estos viajeros en ocasiones han emprendido la búsqueda de una mejor vida desde muy temprana edad siendo sus padres quienes en un principio los alientan a salir de su lugar de origen, por la baja calidad de vida que ahí encuentran y las pocas oportunidades de crecimiento económico que  se tiene en sus países.

Daniel Pérez  es originario de Guatemala,  y partió por primera vez a la edad de los 15 años junto con su familia, el asegura nunca haber sufrido maltrato, solo frustración por no poder llegar rápido a su destino.

Los trabajos eventuales en su caso son lo que lo mantiene en el camino pues no piensa regresar a Guatemala puesto que no cuenta con nadie en su natal país “yo ya no tengo familia, mis padres murieron y mis hermanos no viven ahí, voy para Tijuana”.

Mujeres son abusadas por otros migrantes

Entre los menos afortunados se encuentran las mujeres quienes en manos de sus propios compañeros de viaje sufren de abuso sexual, o maltrato físico en ocasiones siendo abandonadas por su pareja quienes por motivos de salud y falta de fuerzas deciden abandonar la travesía.

Este fue el caso de una de las acompañantes de viaje de Norma, madre de familia que busca regresar a los Estados Unidos “yo venía con una compañera en el camino, ella se llamaba Carla luego se apartó, dicen que a ella la bajaron y fueron unos salvadores los que supuestamente la violaron, cuando me encontró ella se soltó a llorar, me dijo que un hombre salvadoreño que se mostraba su amigo la violo”, señala en su testimonio.

Otros de los sufrimientos  que ellas suelen encontrar en su huida de la pobreza  y en la búsqueda de algo mejor para su hijos, es el tener que dejarlos al cuidado de otras personas “yo tengo tres niños en Honduras, allá el dinero que se gana no se ajusta para pagar el estudio, renta de casa los alimentos, por eso buscamos rumbo al norte o venimos a México para quedarnos”.

A ella no la repatriaron, fue por su propia iniciativa que regreso a Honduras pues tenía cinco años sin ver a sus hijos “los deje en una casa segura y de acá les estoy aconsejando, ahí les dan más amor, del que yo creo yo les doy, me hacen falta pero yo siempre se los dejo en oración a Dios, Diosito me los cuida mucho”, señala.

Esta es la historia que día con día cuentan miles de hombres y mujeres, que junto con su  familia o solos desean llegar a su destino y que por la falta de recursos que les permita ingresar al país vecino  de manera ilegal se convierte un viaje inseguro e incierto, pues tienen como únicos acompañantes la soledad, el miedo y la esperanza en sus bolsillos.



Imágenes de Raymundo Bazaldua

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