Ludopatía: juegos que destruyenPor Astor Ledezma

El recuerdo más triste que tiene Alejandra, es aquella mañana en la casa de su madre, cuando un grupo de hombres llegó a embargar su sala, su comedor y el carro de su hermano.

Fue además penoso –dice, y presiona el botón de la máquina de juegos, esperando conseguir los puntos y cambiarlos, como casi todos los días, en la entrada del casino-.

Los vecinos salieron a ver el escándalo que hacía mi madre, que lloraba abrazada a sus sillones, a sus cosas. Yo intentaba calmarla, porque tiene diabetes y le hace daño, pero ella seguía gritándome: diles hija, que es un error, que tú no les debes nada, que no se lleven mis sillas, eso diles hija… pero yo me quedé en silencio: había sacado algunos préstamos, porque ya no tenía dinero para el casino; ahora venían a cobrar y yo como siempre, sin un centavo… lo peor fue ver a mi madre así, tan desconsolada, y a mi hermano que pagaba con su carro mi vicio, un vicio que nos vino afectando a todos.

La cara de Alejandra se pone triste. Luego prende un cigarro, toma su tarjeta y le pide al mesero que le recargue quinientos pesos más.

Alejandra padece ludopatía, como más de dos millones de personas en México, según estudios de la OMS.

Es un trastorno que afecta el control de los impulsos, que conduce a la persona a los juegos de azar sin que le importe lo que pueda perder.

Casas, coches, terrenos, son moneda de cambio en éste contexto, motivo de apuesta ante la falta de dinero que, en la gran mayoría de los casos, terminan malgastando.

Los casinos de juego crecen de forma acelerada. La mayoría de sus clientes frecuentes, son ludópatas que no han recibido atención psiquiátrica, tal vez por desconocimiento, o por temor a sentirse rechazados.

Estaríamos hablando de un negocio que lucra con el trastorno de cientos de personas.

Se deben hacer campañas de prevención, programas efectivos que atiendan a los pacientes.

La economía de las familias en México se ha visto mermada por diversos factores. Uno de ellos es la gente que, afectada por dicho trastorno, arriesga el patrimonio familiar y termina casi siempre por perderlo.

La ludopatía debe ser tratada no solamente como un tema de salud pública; también de economía familiar.

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