POR SALVADOR HERNANDEZ VELEZ
Hace unos días un amigo comentaba en una charla de café que había conocido a dos mujeres, jóvenes, estudiantes de
maestría, que buscaban casa de asistencia en Saltillo.
Ellas no son de la capital y el lugar donde han estado viviendo el último año va a cerrar. La señora con la cual se alojaban, les dio la noticia que ya no le convenía seguir atendiéndolas. Había recibido la visita de unos inspectores de la Secretaría de Hacienda que mediante un escrito le comunicaban que para poder continuar con sus servicios tenía que darse de alta como contribuyente.
La dueña de la casa, ya una señora adulta, prefirió interrumpir su actividad económica que darse de alta en Hacienda. Le explicaron que contratara un contador para hacer sus trámites de impuestos, pero prefirió cerrar y sólo vivir de su pequeña pensión. Alegó en su favor que no sacaba mucha ganancia como para pagar impuestos y a un contador, que las pocas estudiantes que se asistían en su casa sólo le permitían sacar para pagar sus comidas y los servicios habitacionales. Y sobre todo gozar de la compañía de las jóvenes, sus hijos ya estaban casados y la casa les quedaba grande a ella y a su marido.
Las nuevas disposiciones fiscales, llevaron a este matrimonio a abandonar su pequeña actividad comercial en detrimento de su exiguo ingreso y de servicio a las familias de las jóvenes que ahí se asistían. La preocupación de las estudiantes es que no encontraban otra opción, los inspectores seguían visitando otras casas de asistencia y habían tomado la misma decisión: cerrar su fuente de ingreso. La alternativa para las jóvenes se reducía a rentar un pequeño departamento para compartir con otras estudiantes, pero ¿con qué dinero comprarían los muebles que necesitaban? Sus familias apenas tienen para pagar una casa de asistencia modesta, que aprovecha los muebles que hacía tiempo habían adquirido cuando vivían los hijos con ellos, por eso la asistencia estaba al alcance de las jóvenes de clase media. Como dicen mis amigos economistas estos servicios son una forma de redistribución de la riqueza, que ahora con las nuevas reglas fiscales se están acabando.
Sin duda los que elaboraron estas reformas fiscales, se centraron en las formas que les permitieran acrecentar la recaudación fiscal en detrimento del desarrollo del país. La simplificación fiscal brilla por su ausencia. Esta situación me remontó a otra conversación con un amigo que está “de mojado” en Fort Worth, Texas. Cuando le pregunté que si en los quince años de estancia en Estados Unidos de América había tenido algún problema con “la migra”,  contestó que nunca. Me explicó que si eres un ciudadano que no infringe las normas no tienes problemas. Si no cometes faltas de tránsito, no manejas ebrio y te comportas correctamente, es difícil que te pidan cuentas.Si además, eres cumplido en tu trabajo, tienes cuentas bancarias, compras a crédito y aprendes inglés, con mayor razón pasas como un ciudadano estadounidense. Ayuda además si eres propietario de bienes inmuebles, esto es, si vas forjando un patrimonio con trabajo y esfuerzo para no ser molestado por permanecer ilegal en el vecino país.Si a ello le agregas que además de tu trabajo emprendes un negocio, eso te dará más seguridad. Mi amigo me explicó que su negocio consiste en comprar entre semana muebles y accesorios usados en ventas de cochera de residencias. Los sábados y domingos los vende en una “pulga” en el centro de la ciudad. Rentan un pequeño espacio y a ese lugar pasa el cobrador de impuestos o de derechos. El paga una cuota fija cada fin de semana, sin más trámites, ni formatos burocráticos, ni procedimientos engorrosos, ni tienen que ir a darse de alta en la oficina recaudadora de impuestos, ni contratar un contador.Qué diferencia para los pequeños negocios aquí en nuestro país, donde para pagar impuestos todo lo complican y hasta hay que contratar a un profesional para hacer los pagos fiscales. ¿Por qué enredar las cosas y afectar la economía de los pequeños negocios? ¿Con las reformas fiscales de este 2014 alcanzaremos el tan deseado crecimiento que demanda el país y conseguiremos los empleos que necesitamos?

Salvador Hernández Vélez

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