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Lecturas

A la memoria de mi querido amigo Pedro Belmonte Rivas, quien este lunes se nos adelantó en el camino, dejando una profunda huella de amor entre sus amigos, su familia y todos quienes fuimos distinguidos con su amistad

Por Julián Parra Ibarra

Los resultados de la  jornada electoral del pasado domingo 1 de julio dejaron tras de sí una serie de lecturas que habrá que saber interpretarlas por todo lo que dejan tras de sí.

En más de una ocasión en este espacio comenté que conforme avanzaban las campañas, el rumbo que éstas llevaban apuntaba a que el PAN  iba a vivir en una sola elección lo que al PRI le llevó dos: pasar de la Presidencia de la República a ser la tercera fuerza electoral del país.

El PRI  perdió en el 2000  la Presidencia frente a Vicente Fox Quesada, quien se convirtió en el primer presidente  panista, y seis años más tarde, en el 2006, se fue hasta la tercera posición, cuando Felipe Calderón Hinojosa ‘haiga sido como haiga sido’ derrotó a Andrés Manuel López Obrador.

Sin embargo, después de doce años consecutivos en el poder, el  panismo no solamente no consiguió mantenerse en Los Pinos, sino que el domingo pasado se fue hasta el tercer lugar, porque la lucha se centró y definió, entre el priista Enrique Peña Nieto y el candidato de las izquierdas, Andrés Manuel López Obrador.

Para el PAN  el domingo pasado fue el peor momento de su historia reciente, porque además terminaron por ceder los espacios que había conquistado en los estados de la zona centro del país. En ese territorio, los blanquiazules llegaron a detentar las gubernaturas de estados como San Luis, Aguascalientes, Querétaro, Jalisco, Guanajuato y Morelos.

Las tres primeras entidades ya las habían perdido en las más recientes elecciones en cada uno de esos estados, y este domingo perdieron después de 18 años la gubernatura de Jalisco a manos del panista Aristóteles Sandoval, ex alcalde de Guadalajara; y con el perredista Graco Ramírez la de Morelos.

Solamente Miguel Márquez Márquez en Guanajuato, logró retener la gubernatura en el estado más panista de todo el país, pero de ahí en más, nada.

¿Qué futuro le depara al partido del presidente Calderón? No lo sé, pero la contundencia de los hechos apunta a casi una refundación del partido. Hace seis años, el país quedó claramente dividido en dos colores: del centro al norte de azul, y en el sur de amarillo, con algunas manchas rojas que lograron mantenerse. Hoy el azul está casi borrado de la geografía nacional.

A nivel local, en Coahuila, habrá sus propias lecturas, porque después de tres carros completos consecutivos – igualmente ‘haiga sido como haiga sido’-, los resultados no fueron los que se esperaban y el PRI perdió espacios importantes que ya se contabilizaban entre los haberes, sobre todo en la elección para el senado, amén de los distritos en los que se perdió y en los que lograron ganar apenas ‘por una nariz’.

Quién lo habría pensado, pero uno de los municipios cabeceras de distrito que mejores resultados le dieron al tricolor, fue San Pedro de las Colonias, de Jorge Abdala Serna. A Piedras Negras de Oscar López Elizondo, lo salvó Ciudad Acuña, donde los priistas de aquella parte del Estado ya piden a gritos que a ver si ahora sí con eso, a los acuñenses ‘les hace justicia la revolución.

Y, uno de los municipios que terminó con la mayor deuda con su partido, es el de Torreón de Eduardo Olmos Castro.

Acá las lecturas deberán hacerse cuanto antes, porque ya prácticamente está encima la siguiente elección local en la que habrán de renovarse las alcaldías en los 38 municipios, y de no enmendar los yerros cometidos, varios de ellos de los más importantes, podrían volver a manos de la Oposición.

En la elección del pasado domingo, me parece que la ciudadanía terminó de despertar y se dio cuenta de que en sus manos tiene un arma poderosa que es su voto. Ya se dieron cuenta de la fuerza que tiene su participación en las elecciones y al momento de depositar su voto en las urnas.

Tanto a nivel federal como en varios de los estados, los electores aplicaron un voto de castigo contra los partidos de quienes los gobiernan, y Coahuila es uno de los que tiene su siguiente elección muy cerca.

Más allá de sus sentimientos y de su propia percepción al interior de su partido, de que acepten o no los errores cometidos, los dirigentes y militantes de los distintos institutos políticos deberán hacer un profundo examen de conciencia, realizar un ejercicio de gran autocrítica, porque quien no lo haga está en riesgo de volver a ser castigado en las urnas.

En Coahuila al menos, los priistas deberán revisar uno a uno el papel que han estado desarrollando sus alcaldes, pero de la manera más honesta tienen que evaluar el impacto que están teniendo con la ciudadanía, sea positivo o negativo. Si lo hacen, se darán cuenta de que tienen varios focos rojos y otros más amarillos que deben atender y atacar.

En su etapa como presidente estatal del PRI, Rubén Moreira Valdez acuñó la frase de que “las elecciones se ganan un año antes”. Justo a un año de las elecciones, ¿en este momento podrían asegurar que ya la tienen ganada?

¿Cuál es el panorama real en este momento y qué tanto alcanzarían a hacer de aquí a la fecha de la elección en la que los coahuilenses iremos a las urnas para renovar las alcaldías y elegir los presidentes municipales que tomarán posesión el 1 de enero de 2013?

¿Cuáles serán las lecturas que le puedan dar a los resultados de la elección del domingo pasado, tanto priistas como panistas?

jparrai@yahoo.com

julianparra@coahuiltecamedios.com

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