Por Julián Parra Ibarra

Las que se llevarán a cabo este 1 de julio serán las elecciones –ni duda cabe-, más vigiladas de la historia de nuestro país. Hace seis años quedó en el ambiente un olor pestilente, y en el imaginario colectivo la idea de que la llegada de Felipe Calderón a la presidencia de la República había sido por la vía del fraude electoral.

El panista llegó a la Presidencia por medio punto porcentual, en medio de protestas y muchísimas dudas de la legalidad, pero sobre todo de la legitimidad con la que llegaba al cargo. ‘Haiga sido como haiga sido’ Calderón, entre empellones, gritos de protesta, tribuna tomada y todo lo demás, recibió la banda presidencial y se convirtió en el segundo mandatario emanado de las filas de Acción Nacional.

Los siguientes seis años, Andrés Manuel López Obrador los invirtió en recorrer hasta en tres ocasiones los dos mil 042 municipio del país, incluyendo como lo dijo durante el segundo debate entre los presidenciables, los 418 municipios de usos y costumbres, lo que en efecto le da el reconocimiento que conoce como nadie y más que nadie todo el territorio nacional.

Durante este periodo, López Obrador trabajó en la construcción de la estructura de la que con el paso del tiempo, se consolidó como el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena).

Esta organización le dará al candidato de las izquierdas mexicanas, la posibilidad de tener representantes en la totalidad de las casillas, que podrán vigilar que se respeten y se cuenten todos y cada uno de los votos que libremente los ciudadanos emitan aún en las urnas de los puntos más recónditos de nuestro país.

Tras el nacimiento del movimiento #Yosoy132, sus integrantes se convirtieron en la caja de resonancia para que todos los ciudadanos se sumen como observadores electorales.

También han surgido otras organizaciones civiles como el Observatorio Universitario Electoral y el Frente Ciudadano en Defensa del Sufragio Efectivo y Libre. El primero formado por académicos de la Universidad Autónoma de Baja California, el Colegio de México y la UNAM; y el segundo integrado por intelectuales, periodistas, académicos y especialistas en cuestiones electorales.

El Frente Ciudadano, está haciendo uso de  herramientas y plataformas web, redes sociales incluidas, herramientas de audio, video y geolocalización, para que las elecciones presidenciales sean transparentes y equitativas, pero además que se puedan desarrollar en paz.

Muchísimas organizaciones más, algunas de alcance nacional y otras en el ámbito estatal o regional en las diferentes entidades del país, se han estado preparando para la jornada electoral del domingo 1 de julio. Toda esta movilización ciudadana da gusto, luego de que por décadas mucho se insistió mucho en la apatía, el desinterés y el valemadrismo de los ciudadanos por las cuestiones electorales y democráticas.

De manera súbita, detonado tal vez por el empuje de los jóvenes, el interés por el desarrollo de las campañas, la cobertura en los medios, el manejo de las encuestas y, por supuesto de la jornada comicial, ha ido en una espiral creciente.

De esta manera, poco más de un millón de ciudadanos sin ninguna representación partidista y que han sido debidamente capacitados, fungirán como funcionarios de casillas y serán los encargados y responsables de recibir y contar todos y cada uno de los votos.

Cada partido político contará si su estructura se los permite, tener un representante en cada una de las casillas para que la votación y el posterior recuento de los sufragios sea transparente y confiable.

Cientos, miles de ciudadanos empujados por la ola juvenil y ciudadana actuarán como observadores electorales el día de los comicios; cámaras y organismos empresariales estarán no solamente vigilantes de que la votación y el conteo sean transparentes, sino que han anunciado facilidades para que sus trabajadores vayan a sufragar, e incluso incentivarán a los que muestren su pulgar con la huella de la tinta indeleble con el pago de horas extras. Los restauranteros otorgarán descuentos a sus comensales que demuestren con su pulgar que ya acudieron a las urnas.

La participación de los ciudadanos, el interés por el desarrollo de las campañas, de la jornada electoral y del resultado de la misma, es quizá la parte más importante de las democracias. Nunca como antes los ojos de tantos mexicanos –y aún de observadores extranjeros- estarán puestos sobre la elección de este 1 de julio en que se renuevan no solamente la figura del presidente de la república, sino las cámaras de diputados y senadores.

Todo esto significa que si tantos millones de mexicanos tendrán en sus manos la elección presidencial, y puestos tantos millones de ojos en su manejo, no deberá quedar el mínimo margen como para no reconocer los resultados que se ofrezcan desde la noche del 1 de julio.

No se puede ni debe dejar ningún espacio o resquicio como para invocar el fraude, la deshonestidad, el robo, la corrupción, si somos nosotros mismos como ciudadanos –con la figura que usted quiera ponerle: funcionario de casilla, representante de partido, observador electoral y una larga lista de etcéteras-, los que tendremos todo el proceso en nuestras manos. Hacerlo, sería escupir para arriba. Esa parte pues, salvo su mejor opinión, estará bien cubierta y absolutamente ciudadanizada.

Por tanto en los días que restan de campaña y hasta el día de las elecciones y posterior a este, lo que todos debemos procurar, desde el presidente de la República, funcionarios gubernamentales de los distintos colores y niveles, candidatos, dirigentes partidistas, empresarios, medios de comunicación y ciudadanos en general, es evitar, erradicar y rechazar cualquier manifestación de violencia, cualquiera que sea su expresión, verbal o física.

En este nuestro querido México ha crecido de manera brutal la violencia, los niveles de la misma y las muertes en los años recientes, como para todavía permitir, tolerar o fomentar más violencia ¿Cerca de cien mil muertes violentas en el sexenio no son suficientes? México no se lo merece, por eso, evitemos y erradiquemos la violencia electoral.

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