Salvador Hernández VélezPor Salvador Hernández Vélez

Cuando ingresé al entonces Instituto Tecnológico Regional de la Laguna (ITRL) me tocó estar en la cuarta generación de la institución. Las dos primeras generaciones llevaron un plan de estudios anual, y la tercera y cuarta cursamos nuestros estudios de Ingeniería Industrial mediante plan semestral. En nuestro caso en cada semestre nos aplicaban cuatro exámenes acumulativos por cada materia. De tal suerte que por ejemplo, el segundo examen comprendía todo lo que había expuesto el maestro en la clase desde el primer día, y así era para el tercero y el cuarto examen. Esto tenía sus consecuencias. El mayor número de alumnos tenía problemas para aprobar las materias. Luego las siguientes generaciones pasaron a un plan por créditos y objetivos. El alumno en este plan, solo es examinado por cada objetivo cumplido y así va acumulando los créditos para terminar la carrera.

El plan por créditos y objetivos resolvió en cierto grado la deserción escolar, pero ¿dónde quedó el nivel profesional de los egresados? ¿Qué tan sólida resultó la formación de los egresados? Los empleadores tienen la palabra. En las últimas cuatro décadas las reformas educativas parecen ir más encaminadas a hacer más fácil el proceso de aprobación que fortalecer la formación de los egresados. Y en consecuencia en estos años los modelos educativos han sufrido varios cambios, y seguimos, mientras tanto, sin resolver la demanda de egresados que exige el mercado en estos años de globalización. La demanda en carreras administrativas y humanísticas sobrepasa de manera considerable a las tecnológicas y científicas que son necesarias para competir en el mercado de las tecnologías de la información y en esta era del conocimiento.

La realidad nos ha demostrado que no existe modelo educativo ni currículo que asegure la formación integral requerida, si previamente no se logran modificar las actitudes en el personal docente promoviendo su actualización conforme al contexto social. Esto exige para el docente que su desempeño deba llevarse a cabo con orden y organización, estar preparado para enfrentar y resolver imprevistos, anteponer el comportamiento amable, reflejar la buena educación en todos sus actos y lograr, con el ejemplo, cambios de comportamiento en el estudiante. En el mundo de hoy se precisa que es responsabilidad de los profesores formar profesionistas íntegros que atiendan la demanda social, organizacional y el desarrollo humano. La rentabilidad social debe hacerse compatible con la rentabilidad económica; en consecuencia las universidades deben atender la demanda social que no se limitará a satisfacer la demanda del mercado. Este es el reto de los profesores.

Independientemente de si es un plan semestral o uno de créditos y objetivos u otro, hoy se entiende que el verdadero aprendizaje se da al comprender los conocimientos, desarrollar habilidades, construir capacidades y generar valores en el aula, en el campo profesional y en la sociedad, con un aprendizaje conjunto entre maestro y alumno. Hoy no bastan solo los conocimientos. El proceso enseñanza-aprendizaje se plantea en cuatro pilares básicos, a saber: conocimientos, habilidades, capacidades y valores, para estar en condiciones de formar a los estudiantes por competencias.

El proceso de aprendizaje para la formación de las competencias es complejo, considerando que los conocimientos se comprenden, las habilidades se desarrollan, las capacidades se construyen, los valores se generan y las competencias se demuestran con el desempeño en la acción y se sujetan a evaluación y certificación, con el fin de lograr el resultado esperado.

En la concepción de la construcción de las competencias, la competencia profesional está integrada por: conocimientos que se aprenden, habilidades que se desarrollan, capacidades que se construyen y valores que se generan; dichos elementos se evalúan por medio de evidencias en los resultados, que permiten su evaluación. Para alcanzar estos objetivos, es urgente que la docencia se adapte a los cambios socioeconómicos y a las necesidades vigentes de innovación acelerada, planificando y organizando los programas durante cada etapa del proceso, para así contar con profesionistas para el mercado globalizado.

 

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