Astor LedezmaPor Astor Ledezma 

Un gran lastre para el progreso (ya de por sí anquilosado) en materia de cultura, representa el decreto firmado por el gobernador de Guanajuato Miguel Márquez Márquez, quien pretende elevar la tauromaquia a rango cultural intangible de su estado.

El arte está definido por hechos, no por palabras. Se podrán ataviar las corridas de toros con miles de conceptos rebuscados, explicaciones absurdas y demás información que pretenda darle un cariz artístico; sin embargo, no se puede cubrir la acción medular, la tortura y muerte a la que son sometidos los toros en presencia de espectadores que pagan por ver el derrame de sangre. No hay palabras, conceptos o tradiciones que justifiquen la matanza de estos animales con meros fines de esparcimiento.

El obispo de Celaya, Benjamín Castillo Plascencia, declaró que “no se duelen sobre la vida del hombre, pero sí de los animales”, refiriéndose a todos aquellos que muestran rechazo ante tal decreto.

El obispo ignora, o tal vez no desea reconocer, que el individuo que muestra rechazo ante el maltrato animal posee una empatía superior, que incluso sobrepasa las “barreras” de la especie. Son personas cuya sensibilidad les permite reconocer (y de cierta manera sentir) el sufrimiento no sólo de los humanos, sino también de los animales. Es absurdo, entonces, pretender que se difunda la creencia de que aquellos que defienden a otras especies “no se duelen sobre la vida del hombre”

A pesar de  que la tendencia demuestra que la sociedad está en contra de este tipo de actividades, el gobernador de Guanajuato se empeña en arrastrar a su estado  cuesta abajo, con la intención de que sea el referente de una actividad que dista mucho de ser progresista y que, por el contrario, nos remonta a tiempos medievales y violentos.

Una pena por Guanajuato.

@ledezma_astor

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