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La lección italiana

Por: Víctor S. Peña

 Terminó la denominada “Era Berlusconi”. Italia, tercera economía Europea y séptima del mundo, se encuentra en graves aprietos en un contexto europeo bastante complicado. 

Aquello de “cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar”, en un mundo en el que la distancia parece desaparecer, cobra plena vigencia. No somos tan diferentes, padecemos los mismos problemas; el mundo es una servilleta. Lo que está del otro lado del mundo, bien pudiera ser fuente de aprendizaje de gobiernos que quieran oír.

Sobre el caso italiano, Elisabetta Piqué, corresponsal del diario argentino La Nación, escribió un texto que me parece insuperable. El título lo dice todo: “Burocracia, deuda, corrupción: razones del fin de la dolce vita”. Vale la pena leerlo de principio a fin, no tiene desperdicios.

Parecía que todo iba bien, hasta que dejó de estarlo. Como político, Silvio Berlusconi podrá ser odiado o amado, pero jamás sufre de indiferencia. En esta situación, su complicada personalidad parecía superar todas las barreras y críticas. Los señalamientos sobre los desplantes de este personaje no soportaban el peso de la propaganda de medios de comunicación a la medida de este jefe político. Cuando muchos pensaban que no llegaba a fin de año, juntó varios y llegó a la década. Pero a todos les llega el tiempo y no hay mal que dure cien años.

Italia, en lo económico, sufre un estancamiento de más de una década: el sistema de pensiones está a punto de reventar, lo que se produce no es suficiente. En lo político, ha sido el modelo de los sistemas que parecen democráticos siendo totalitarios (léase, por ejemplo, “Poderes Salvajes” de Luigi Ferrajoli): el neopopulismo a la italiana. En lo referente a su administración pública, su burocracia le asfixia: no hay valor público en lo que ahí se genera, sostenerlo parece imposible pero recortarlo acarrearía una crisis adicional, la del desempleo de una mano de obra que ya no cabe en un sistema de libre mercado laboral.

Terminó una era. La nueva nace con la esperanza de que todo cambiará. Ya la realidad terminará imponiéndose pues en esto  no hay soluciones mágicas.

A toro pasado, puede señalarse: al gigante de barro, sus pies no le resistieron. La apariencia de bienestar existía en el manejo mediático y no en las arcas públicas. Todo se trató de una mentira y, como suele decirse, “soñar no cuesta, lo que cuesta es despertarse”. Las medidas drásticas tendrán que tomarse.  Así sucede, temprano o tarde.

Pero en aquello, la responsabilidad es de todos. Me permito tomar, del texto de Piqué, su párrafo de remate: “Francesco Foti, economista bocconiano, ex alumno de Mario Monti -quien sucedería a Berlusconi-, piensa distinto. “No creo que sea todo culpa de los políticos, sino también de todas esas personas que siempre pensaron que el Estado se tenía que encargar de todo”, asegura. Pero, ahora, es claro, la fiesta se terminó”. Que nadie se lave las manos, pues todos están en el mismo barco.

A levantar la casa, la fiesta terminó.  Y quien tenga oídos, que escuche.

@victorspena

www.victorspena.com

 

 

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