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La ética de la responsabilidad

Christian Wulff renunció a la presidencia de Alemania. Lo hizo después de tres meses de escándalos que lo involucran con el mal uso de alguna posición pública que tenía y actos de corrupción. Lo hizo no porque se hubiera comprobado fehacientemente su culpabilidad, sino porque su posición –la de Jefe de Estado- tiene un profundo significado moral en la sociedad alemana. Los escándalos mermaron su credibilidad y lo más sano fue su separación.

En esos tres meses, por supuesto que Wulff trató de minimizar las acusaciones; como en cualquier otro lado, se dijo perseguido político. Pero, insisto, lo más sano fue su separación al cargo: mantenerse en un puesto donde lo que se requiere es ser de una sola pieza, el no serlo hace daño al Estado.

¿La lección? Pues que en todos lados se cuecen habas. En otros países, sin embargo, hay consecuencias; acá solo palabras… Palabras y tercos que se saben con déficit en cuanto a confiabilidad pero se aferran a su puesto.

Mauricio Merino, voz autorizada en estos temas, ha dicho: “Tomar el poder en México se ha vuelto en buena medida un cheque en blanco y un juego de informes ligeramente entregados a la sociedad para medio justificar lo que se hace, no se ha convertido en México tomar el poder en una ética de las consecuencias y en una ética de la responsabilidad, y esto es absolutamente fundamental, creo yo, para consolidar la democracia…”.

Se trata, pues, de generar mecanismos ciertos, responsables y auténticos para rendir cuentas. Porque hay otro camino, muy usado por cierto: la propaganda. A través de ella, a fuerza del empleo indiscriminado de recursos públicos, se benefician intereses de particulares, disminuyendo o desapareciendo errores, exaltando o inventando virtudes. Hacer esto también es de corruptos.

De reciente cuño, se ha dado a conocer el Índice de Acceso al Gasto en Publicidad Oficial en los Estados 2011: Dos terceras partes de las entidades, no entregan información sobre qué hacen con ese dinero, responden con evasivas o de manera incompleta.

La opacidad y la simulación de legalidad generan frutos de muy corto alcance, llamaradas de petate. En el mediano y largo plazo, se vuelve una actitud difícilmente sostenible. Y cuando la confianza se quiebra, no se repara: de esto hemos visto mucho recientemente, que no se olvide.

Se requiere pues, de voluntad política. Se requiere, además, de gente que le sepa. Porque eso de beneficiar la amistad sobre la eficiencia o el compadrazgo a la honestidad, ya sabemos dónde termina.

Información en la red de redes

  • Para escuchar una parte de la entrevista hecha a Mauricio Merino, esta es la liga http://bit.ly/zRSrAy
  • Sobre la publicidad oficial en los estados, visita http://bit.ly/xD1KVv, página de la Red por la Rendición de Cuentas
  • Para consultar el mapa del Índice, aquí está http://bit.ly/wOlDaC para aquellos que quieran saber en qué posición está su Estado.

 @victorspena

www.victorspena.com

  • La nueva era de la publicidad

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