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Intercampañas o el gatopardismo

Por Julián Parra Ibarra

En nuestro país uno de los deportes que más gusta practicar a los políticos es el ‘gatopardismo’, es decir, hacer que las cosas cambien para que todo siga igual. Más coloquiales, en mi pueblo dirían que al mundillo político lo que más le gusta y entretiene es practicar ‘El juego del tío Lolo’.

Antaño nos quejábamos porque los periodos electoraleseran más largos que un policía con el cajón de los billetes abierto.Para darle gusto al gran público, de aquellas interminables campañas de casi un año de duración, legisladores y partidos políticos nos regalarán en este 2012 una campaña presidencial de solamente tres meses ¡Qué alivio!

Pero como el ‘gatopardismo’ se trata de hacer que las cosas cambien para que todo siga igual, los ciudadanos seguimos padeciendo lo mismo que antes, pero ahora segmentado por etapas a las que nuestros legisladores han de haber quemado millones de neuronas para ponerles nombres: antecampañas, pre precampañas, precampañas y campañas, aunque en esta ocasión se introdujo una nueva figura que es la de las pomposamente llamadas ‘Intercampañas’.

¿Perdón, alguien entre el gran público se ha encontrado dentro de una ‘Intercampaña’ antes como para que nos cuente que demonios significa eso, usted lo ha estado? Yo no.

Pero en la suma de esas distintas etapas, cumplimos muy bien los larguísimos periodos que durante muchos taños tanto vomitamos. Sólo que ahora nos las dan en partes, en dosis, dosificadas, para que no nos atragantemos.¡Intercampañas! ¡Va!

Ni los propios legisladores, ni los consejeros electorales ni nadie sabe qué demonios es eso, cómo funciona, si se toma, se unta, se bebe o se come a pedacitos. Nadie ha sabido darle claridad al asunto y mientras más explicaciones tratan de dar más se enredan en su propia lengua, y más confunden a los ciudadanos.

Eso sí, los partidos, los candidatos y los legisladores, se desgarran las vestiduras: cómo es posible que el árbitro de la contienda ordene que quienes aspiran a gobernarnos a los mexicanos los siguientes seis años, se tengan que quedar callados y metidos en su casa.

¿Ya se les olvidó a los partidos políticos, a los legisladores y aún a algunos candidatos que ya pasaron por el Congreso de la Unión, que fueprecisamente en la Cámara de Diputados, con la participación –y hasta festejo- de los diputados de todos los partidos donde se aprobó esta aberrante Ley Electoral de la que ahora se quejan?

Y mientras sea el periodo de las ‘Intercampañas’  el tema que esté sobre la mesa del debate,  el IFE podrá seguirse regodeando y batiéndose en su propia suciedad, porque a todos los demás actores políticos, pero sobre todo a la ciudadanía se le olvidará que esta institución se ha convertido en un barril sin fondo.

Tras la controvertida elección de 2006 cuando –haiga sido como haiga sido- Felipe Calderón llegó a la Presidencia por menos de medio punto porcentual, se promovió una reforma electoral que desembocó justo en lo que estamos viviendo –o sufriendo- en estos momentos.

Pero también la Reforma del 2007 dejó como resultado que para lograr un ahorro sustancial de alrededor 2 mil 500 millones de pesos anuales, quedara prohibida para partidos, candidatos y hasta para ciudadanos, la compra directa de espacios en los medios de comunicación.

A partir de ésta, los diputados le otorgaron al IFE el monopolio de los tiempos oficiales que el gobierno obliga a los concesionarios de los medios electrónicos, que le entreguen a razón de 48 minutos por día –que yo sepa es el único rubro en el que los concesionarios, además de pagar lo que por ello corresponde, le tenga que regalar una parte de su producto al Gobierno, a producto de gallina-.

Con ello, al no costar un solo centavo ni a partidos ni candidatos ya que en lo sucesivo todos los costos de los spots serían con cargo a los concesionarios de radio y tv, el País se ‘ahorraría’, a través del IFE, esos 2 mil 500 millones de pesos anuales, en teoría. La realidad nos dice que en menos de tres años, el árbitro electoral de este país duplicó su presupuesto de los 8 a los 16 mil millones de pesos ¿Y el ahorro apá?

Le explico, un año después de la intermedia federal pasada –en 2010-, el IFE ejerció un presupuesto de 8 mil 631 millones 759 mil 587 pesos; un año más tarde -2011-, y pese a no ser año electoral pero con el pretexto de que habría que preparar la elección presidencial de este año, el Congreso le aprobó al IFE un presupuesto de 10 mil 499 millones 06 mil 365 pesos ¿Y los 2 mil 500 millones de pesos de ahorro prometidos, apá?

Y para este 2012, ahora sí con el pretexto de que es año electoral y va la presidencial de por medio, el IFE logró que le aprobaran un presupuesto de 15 mil 953 millones 906 mil 379 pesos ¿Y el ahorro prometido apá’?

Con todo ese mundo de dinero a su disposición y el ejército de personal con que cuenta, el IFE fue incapaz de detectar que en periodo de las precampañas internas del PAN, les metieran un gol con un spot televisivo en el que Josefina Vázquez Mota en los días previos a la elección para que los blanquiazules definieran a su abanderado presidencial, apareciera ya como candidata. El IFE dijo que estudiaba la posibilidad de sancionar al parido por el hecho.

¿Perdón, y la ‘estrictísima’ supervisión y revisión de todos los materiales en las áreas de radio y televisión del IFE, dónde quedó; son los partidos los que distribuyen las pautas y las versiones a los medios electrónicos para su transmisión; nadie las supervisa? ¡A otro perro con ese hueso!

Oiga, y por cierto, que va a pasar con el ordenamiento de la Auditoria Superior de la Federación de que es ilegal el movimiento que hicieron con los casi 350 millones de pesos conocidoscomo ‘el cochinito del IFE’ y que les encontraron a los consejeros casi escondidos debajo del colchón. Nomás por metiche y preguntón, unas breves más:

¿Con ese crecimiento sostenido del presupuesto que ejerce el IFE, y como que a dónde van a parar y quién administra el dinero de las millonarias multas que el IFE aplica –y descuenta de sus prerrogativas- a los partidos, quién supervisa al IFE, a quin le rinde cuentas el IFE, que no se ‘ciudadanizó’ para hacerlo más claro, transparente, creíble y confiable? ¿Y el ahorro apá, dónde están esos 2, 500 millones de pesos que nos íbamos a ahorra al año? ¡Se imagina todo lo que se podría hacer con todo ese dinero para ayudar a nuestros hermanos en la Tarahumara!

jparrai@yahoo.com.mx

julianparra@coahuiltecamedios.com

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