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Identidad y pertinencia lagunera
  • Salvador Hernández Vélez

En el libro “Referentes identitarios de lo lagunero” sus autores –Ornelas, Hernández, Chong, Morales y López- nos dicen que la identidad es un proceso, y la pertenencia es la manifestación de la construcción social de la identidad.

SALVADOR HERNANDEZLos que habitamos la Región Lagunera más allá de ser coahuilenses y duranguenses, primero somos laguneros. Así llamaron los españoles a las diferentes tribus con las que tomaron contacto a finales del siglo 16.

Ello se relaciona con el sentido de región, concepto de identidad territorial, pertenencia y arraigo al lugar, generado por los antecedentes históricos y las características físicas del territorio.

A los primeros españoles que llegaron a la región, el lugar les pareció, desolador y el clima muy agresivo. La mayoría de los inmigrantes procedían de Zacatecas y de Durango. La memoria histórica lagunera no se desarrolla a partir de una tradición histórica minera y agropecuaria desde la época colonial. Se remonta a las tres últimas décadas del siglo 19, cuando se empezó a crear una infraestructura hidráulica que dominara las crecidas de los ríos en beneficio de la industria algodonera.

San Luis Potosí, Zacatecas, Durango, Fresnillo y Chihuahua  tienen más de 400 años y se desarrollaron por la minería. Saltillo llegó a contar más de 200 ciénegas, según afirma el historiador Carlos Valdés en su trabajo de investigación sobre el valle de Saltillo.

Este espacio geográfico del semidesierto, en donde se construyó el arraigo de los laguneros, no se hubiera logrado sin una infraestructura hidráulica que permitió dominar las torrenciales avenidas del Nazas y del Aguanaval.

Por ello los autores investigan la identidad del lagunero a partir de la cultura del agua. Exploran el papel del río entendido como un objeto significante; es decir, una construcción colectiva de la identidad en su dimensión territorial.

Con base en este acotamiento hay municipios que los ubican en la región de

La Laguna, por ejemplo, Cuencamé, Durango, o Parras de la Fuente, Coahuila, que no están ligados a ninguno de los ríos referidos, ¿por qué pueden tener identidad y pertenencia lagunera?

Esta permanencia depende de hábitos, y también de las fiestas religiosas que reproducen las identidades en el tiempo y en el espacio. Las formas de religiosidad rencuentran, recrean y renuevan tradiciones de quiénes somos y quiénes son los otros; vinculan al individuo con la colectividad.

Posteriormente, el algodón fue desplazado por la actividad lechera y la creación de una industria agroalimentaria. La idea del río como dador de vida, proveedor e impulsor del desarrollo, un referente simbólico que da sentido a la vida cotidiana, en tanto permite establecer las semejanzas y diferencias propias del proceso identitario.

Los evangelizadores jesuitas llegaron a La Laguna en 1758. El torreón distintivo que el administrador de la antigua hacienda Andrés Eppen levantara en 1879, es el antecedente de la fundación de Torreón.

El desarrollo de la personalidad de los habitantes laguneros está fuertemente influenciado por su relación con el medio territorial y el medio humano que lo rodea. Cuando una ciudad se asienta en el desierto al que sus habitantes han hecho florecer, necesitan de la permanencia de los testigos de adobe, de ladrillo, de cantera o de hierro que hablan de su pasado.

Además, a decir de Rodolfo Esparza Cárdenas: “…las tierras de Coahuila, cuando aconteció el contacto de los mesoamericanos con los ibéricos, eran habitadas por grupos genéricamente denominados chichimecas. El no encontrar grupos  domeñables, extraviados para la realidad del virreinato y la metrópoli, configuraron un utilitarismo similar al imaginario intelectual que los norteños. En el enfrentamiento dominó el más fuerte, pero inculcó en la genética cultural, válganme la expresión, la síntesis de los elementos consolidantes del pensamiento proclive a la libertad, y claramente dependiente de las capacidades humanas, sin fincar demasiadas esperanzas en la intervención divina, sino más bien de conveniencia circunstanciada del credo. Por eso, acá no hubo megacatedrales, sino iglesias que más parecen presidios, justos espacios para salvar almas aquí”.

Muy buen ejercicio de los autores para fundamentar nuestro arraigo lagunero.

jshv0851@gmail.com

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