Por Julián Parra Ibarra

La victoria, ya se sabe, es hija de muchos padres; en contraparte, la derrota es huérfana. Y es cierto, a nadie le gusta recibirla pero en algunos casos, sobre todo en el mundo de la política, lo que viene después de ella -más que la misma derrota- a veces resulta más devastador.

Ahí está el ejemplo del Partido Acción Nacional, que a un año de perder la Presidencia de la República, el mayor daño y las consecuencias más demoledoras no ha sido en sí la pérdida de la primera magistratura del País, sino los duelos y pleitos intestinos que no terminan hacia el interior de su partido.

Que si los calderonistas, que si los maderistas, que si el pleito de los corderistas, que si las descobijadas están a la orden del día, que si las acusaciones, que si las declaraciones del cuñado Juan Ignacio, que si ya reapareció Margarita, que si Josefina va por la presidencia del partido, que si el ex presidente dijo en el extranjero.

En fin, así como las victorias no son para siempre, tampoco existen las derrotas eternas. Lo que sí parece hacerse eternos son los pleitos, que cada vez le van restando más fuerza y seriedad a su partido a nivel nacional.

A propósito

Todo este rollo viene a propósito de la sorpresiva derrota que sufriera el PRI el pasado domingo en Saltillo, y aunque nadie la quiere, todo mundo está tratando de encontrar a quién enjaretarle los motivos de la derrota, y una de las versiones que me parece más injusta, es la que muchos han encaminado en contra del actual alcalde, Jericó Abramo Masso.

Todavía hace unas semanas, cuando el silencio de las campañas no prohibía que se dijeran muchas cosas, se presumía: Saltillo gracias al trabajo de su

alcalde, era una de las ciudades más atractivas para invertir en nuestro País; Jericó era el mejor alcalde de México, era innovador y vanguardista en todos sus programas que le eran copiados en otros municipios; ordenado y buen administrador que como hacía muchos años no se lograba, dejaría al municipio en deuda cero; era valiente porque le entró a problemas históricos que nunca nadie había querido enfrentar: los ambulantes en la alameda, y a los integrantes del ‘pulpo camionero’.

¿Y entonces qué pasó? ¿En un tris pasó de lo sublime a lo ridículo?

Utilizando la misma lógica, si Fernando de las Fuentes perdió por el accionar de Jericó ¿Miguel Ángel Riquelme Solís ganó en Torreón gracias a Eduardo Olmos?

Reconocimientos

Esta elección finalmente sirvió para que varios de los alcaldes que ya habían apartado silla en el gabinete estatal, se quedaran chiflando en la loma; y para que en los municipios que al PRI le fue bien, quienes operaron en esas regiones reciban el reconocimiento partidista, y hasta están apuntados ya para la lista de aspirantes a las diputaciones el año entrante.

Uno de los alcaldes que ha realizado una de las labores tan efectiva como discreta, es el sampetrino Jorge Abdala Serna y su tesorero Rodolfo López Muñiz, quienes no solamente deshicieron el entuerto económico que les había dejado su antecesor, el perredista Arturo Babún, sino que hicieron un trabajo que permitió a Juan González avanzar en caballo de hacienda en su campaña para llegar a la alcaldía.

De tal forma, que no debe extrañar a nadie si a partir de enero próximo, Jorge Abdala se suma al gabinete de Rubén Moreira Valdez, ni tampoco si López Muñiz recibe la candidatura a la diputación local, por el distrito con cabecera en San Pedro.

Rodolfo ha sido un gran administrador, logró meter orden en las finanzas municipales, pero además es un tipo serio e institucional –al igual que su jefe,

el Alcalde-, supo disciplinarse cuando no resultó el ‘ungido’, dio un paso al costado y se sumó a la campaña de Juan González. Eso en política, siempre tiene su recompensa.

En San Pedro pues, el PRI cuenta con ‘dos tipos de cuidado’, que son un gran activo, para el partido o para el gobierno. No los desperdicien.