Por Julián Parra Ibarra

La época navideña, dicen algunos clichés comerciales, es época de dar y regalar, pero también es la temporada de la reflexión, de los perdones, de las reconciliaciones, de comprar regalos, de esperar lo propio, de la cena, de los abrazos y todo lo  demás que el momento conlleva.
Con el permiso de usted, apreciable lector, quisiera aprovechar este espacio para compartir un sentimiento muy personal y que va de acuerdo con la época.
Quisiera si me lo permiten, darle gracias a Dios por la inmensa generosidad que ha tenido para con quien esto escribe, y por la permanente e ilimitada derrama de bendiciones sobre mi persona y los que más quiero.
Tengo una madre que desde el cielo nos protege, a papá, a sus 10 hijos y  a un número ya por mí desconocido de nietos y bisnietos. Tengo un padre que cada cena sabatina me hacer recargar de energías por su amor, por su sabiduría, por su paz, por sus conocimientos, por su experiencia, y por su paciencia y ternura hacia todos los que le rodean.
Tengo mucho que agradecerle a Dios, porque tengo nueve hermanos que, cada quien con sus muy particulares problemáticas, pero estamos todos todavía al lado de nuestro padre.
Blanca, Susy, Gaby y Julián, mis primeros hermosos cuatro hijos, dos de los cuales ya me han regalado tres nietos que son una adoración. Como una bendición de Dios, llegó Carlitos para iluminar el hogar que hemos construido juntos con mucho amor al lado de Gaby, mi esposa.
No de ahora ni de manera ocasional o temporal, sino de manera permanente, Dios me llenado de manera exagerada y generosa de millones de bendiciones. Me ha permitido hacer lo que más me gusta, y además de todo que me paguen por ello.
Este que está terminando ha sido sin duda un año completo para todos en nuestro México, particularmente para los Coahuilenses, y todavía más especialmente para los laguneros.
Sin embargo, en medio de toda la adversidad existen muchos motivos para agradecer: tengo un montón de amigos que gracias a Dios, no completo con los dedos de mis manos para enumerarlos; aquí en mi tierra pero también más allá, en Saltillo, en Piedras Negras, en Monclova, en Acuña, en Monterrey, en el Bajío y en muchísimas partes más.
Este año que termina laboralmente resultó lleno de sobresaltos, pero ello nos empujó – a mi amiga Adriana Vargas y a un servidor-, a iniciar una aventura largamente acariciada y por distintas razones muchas veces pospuesta, y en la que hemos recibido el arropo, el cobijo y el calor de los verdaderos amigos.
Como verán, amigos lectores, hay muchos motivos para dar gracias a Dios. Pero también hay razones para pedirle, además de que no nos suelte de su mano y siga derramando bendiciones sobre nosotros y nuestras familias, hoy si me lo permiten, quisiera pedir por todas las personas que han visto mermada su salud o la de los suyos, o han perdido a un ser querido; por los que no tienen un trabajo que les permita sustentar su hogar, e incluso que ello les impide llevar un trozo de pan a su mesa; por los que sufren, por los que están solos, por los que no tienen un techo.
Quisiera en esta oportunidad agradecer pero también pedir de manera especial por algunas personas de manera particular. Agradecerle a Martín Valdés Rodríguez y a toda su familia por ser las extraordinarias personas que son, y lo generosísimos seres humanos que son. Pedirle a Dios que los bendiga, que los proteja y que no los suelte de su mano, su cobijo y su protección.
Quisiera pedir por nuestros gobernantes para que tengan la sensibilidad, la inteligencia y la capacidad de encontrar la fórmula para serenar y pacificar esta patria que a gritos pide y ora porque a todo nuestro territorio regrese la paz que no hemos tenido en los últimos
Más allá de la posición de Gobernador y que requiere del respeto a su investidura de mandatario, quisiera pedir por la persona, el ser humano, el amigo, Rubén Moreira Valdez, que Dios le conceda la salud, la fuerza, la inteligencia, la voluntad, el coraje y el talento para poder encarar y superar el momento tan adverso que le ha tocado enfrentar en su responsabilidad en la gubernatura coahuilense.  Si a él le va bien en su mandato, a Coahuila le irá mejor.
Quisiera pedir por nuestra queridísima y amadísima Laguna, para que vuelva a ser el remanso de paz y la región pujante que tanto nos distinguió a nivel nacional e internacional. Que nuestros estados, Coahuila y Durango, recuperen la grandeza de antaño y retomen el camino del progreso.
Que nuestro México vuelva a ser de todos los mexicanos y no solamente de un puñado, y menos de los que nos lo han arrebatado violentamente en los últimos años.
Ojalá que al final de este año, empecemos a cerrar uno de los capítulos más tristes de la historia moderna de este gran País, pero que empecemos también a abrir un capítulo lleno de esperanzas, que aunque sea paulatinamente comencemos a recuperar la capacidad de sonreír, la posibilidad de volver a ser nosotros mismos, de volver a caminar tranquilamente por nuestras calles, por nuestros jardines, por nuestros parques.
Ojalá que el que viene, sea un año que nos permita tener al menos, salud y trabajo, que lo demás vendrá por sí solo y como complemento.
Que pasen todos, una feliz navidad.