Por Salvador Hernández Vélez

En relación a mi artículo anterior sobre la situación en La Laguna referente a la poca disponibilidad de agua para el ciclo agrícola 2013, recibí varios comentarios que muestran diferentes niveles y grados de preocupación, así como las múltiples visiones sobre la situación de la región. Me permito darlos a conocer, porque son una muestra de la pluralidad de la sociedad.

El licenciado Ángel Vázquez me expuso lo siguiente: El aumento de temperaturas en la región, que se da en todo el globo terráqueo, es muy sensible y medible. Según los datos de la Comisión Nacional del Agua, las temperaturas en Torreón, fueron en promedio en el mes de mayo de 2005 de 27.5 grados centígrados y en el mismo mes, pero de 2011, fue de 29.8, las mínimas, y las máximas fueron de 36.7, en 2005, a 39.1 en 2011; por ejemplo, en el mes de julio fueron de 28.7 en 2005 a 31.2 en 2011 en su nivel medio; de 36.2 en 2005 a 37.1 en 2011, llegando a 38.0 en el año 2009; y las mínimas fueron de 22 grados en 2005 a 22.8 en 2011, pasando por 23.6 en 2009, esto en el promedio mensual. Así que el reflejo del cambio climático, está documentado, y lo sufrimos en la zona urbana, al utilizar más los equipos de aire acondicionado doméstico y a la vez en el campo tenemos menos producción. Por un lado, el aumento de temperatura y por el otro, la falta de agua.

El ambientalista, doctor Francisco Valdés Perezgazga, nos invita a reflexionar: “… no sólo en la agricultura estamos fallando al no hacer los ajustes impuestos por el cambio climático. También tendríamos que estar cambiando radicalmente nuestros patrones de consumo, gestión de residuos, transporte, conservación y producción y no lo estamos haciendo”. Por su parte, el historiador Rodolfo Esparza Cárdenas nos dice: “Cierto, pero si se invirtiera en hacer pequeñas represas a lo largo y ancho del valle, desde luego con utilidad limitada, ayudaría a recuperar la Bogotá perdida a partir de la construcción de las presas mayores”.

Finalmente, agregó la opinión de Jesús Mendoza: “Leí con interés tu artículo. Cada vez la toma de decisiones resulta más difícil, por un lado está la administración del recurso agua, en este caso, por otro lado, está lo del empleo en el área agrícola, que te diré es cada vez más escaso, no tanto por la limitación en la distribución del agua, sino por la mecanización del campo y también por el tipo de cultivo al que se le da preferencia (forrajes, melón sandia y tomate, entre otros) que consumen mucha agua y requieren poco trabajo manual.

Hace ya tiempo que la derrama del campo en materia laboral no pinta, y si a eso agregamos que la recuperación de las corrientes del subsuelo son mínimas, en primer lugar por el uso de plásticos para conservar la humedad en el cultivo de melón y la sandía, y el enlosado de los canales hacen que la recarga de los mantos freáticos sea prácticamente nula. En consecuencia, tenemos concentración de sales en las norias, disminución del gasto, erosión en grandes cantidades de tierras antes cultivables.

La tozudez de los monopolios de convertir la poca agua que tenemos en leche, hace el problema muy complejo, es como la sábana que no se ajusta al colchón, acomodas una esquina y se suelta la otra, pero si seguimos igual la visión en 20 años será deprimente, desastrosa, catastrófica para el campo y el medio ambiente. En mi muy humilde opinión pensaría en primer lugar en un cambio paulatino en el tipo de cultivos, aunado a esto, favorecer el establecimiento de pequeños invernaderos constituidos por cooperativas con cultivos de hortalizas para exportación, eliminar las losas de los canales, reducir paulatinamente el cultivo de forrajes y programar los cultivos con información en temporadas en que escasean los productos y en consecuencia tienen mejor precio y desde luego que los productos se puedan exportar. Sumado a esto, establecer pequeñas empresas no de servicio, sino productivas y que aumenten el valor de los productos agrícolas o la generación de pequeñas empresas que generen o agreguen valor a productos que se puedan vender fuera de la región, la eliminación de los plásticos y losas de los canales va a revertir paulatinamente la disminución en los mantos acuíferos recargándolos y revirtiendo la erosión”.

Sin duda, interesantes puntos de vista que nos amplían las aristas sobre este tema tan delicado en la Comarca Lagunera.

Salvador Hernández Vélez

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