Por Astor Ledezma

Las pasadas elecciones nos dejaron claro que a la gente le gusta quejarse. Encuentran un extraño placer al exhibirse como críticos del gobierno, como mártires del sistema.

El sentimiento de coraje más reciente de éste sector se concentra en la Reforma laboral.

Una reforma celebrada días antes de su aprobación y que ahora, gracias a los partidos de izquierda, se ha convertido en objeto de marchas y plantones.

Su estrategia fue sencilla: difundir información distorsionada, inmediata, para despertar la indignación de la gente que marcha y que grita y que manda Tweets asegurando que no dejarán pasar la reforma laboral porque, según les dijeron, ganarán siete pesos por hora en su trabajo.

Si algo se le debe reconocer a la izquierda es que ha sabido capitalizar el odio.

Conocen bien al sector que manejan. Saben de su nula capacidad para controlar las emociones, que una vez encarrilados los podrán emplear para cualquier disturbio disfrazado de “resistencia civil”. Saben que sembrando la semilla del enojo, no habrá manera de hacerlos entrar en razón.

Ahora podemos predecir la forma en que van a trabajar dichos partidos en la actual legislatura.

Buscarán cualquier detalle en las propuestas de otros para oponerse a que sean aprobadas y, de no ser así, convocarán a las masas (con información distorsionada)  para ejercer presión y venderse como los “únicos que trabajan por el pueblo”.

Saben que todo será sencillo porque, a final de cuentas, a la gente le encanta quejarse.

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