Por Julián Parra Ibarra

Los expertos dicen que la que se está padeciendo actualmente es la peor sequía de los últimos 70 años, con afectación directa a mil 200 municipios de nueve Estados del país, pero particularmente las entidades más afectadas son Chihuahua, Coahuila, Durango, San Luis Potosí y Zacatecas.

Según especialistas de la UNAM, 50 por ciento de los municipios del País están afectados por la sequía, y calculan en 1.4 millones de hectáreas las han resentido los daños por la falta de lluvia. Un estimado habla de que solamente el año pasado se perdieron –primero por la helada negra de febrero de 2011 y después por la falta de precipitación pluvial-, 3.2 millones de toneladas de maíz, 600 mil de frijol y al menos 60 mil cabezas de ganado, entre ellas 12 mil en Coahuila, según reportes del Gobierno del Estado.

El pasado 24 de enero en la residencia oficial de Los Pinos, el presidente Felipe Calderón anunció, acompañado por su esposa Margarita Zavala y los gobernadores de los estados más afectados por la falta de lluvia, la liberación de 33 mil 827 millones de pesos para atender “con agilidad” a los municipios y entidades afectados por la sequía.

¿Desde cuándo había usted escuchado o tuvo conocimiento de que se entraría en una etapa de secas como la que se está padeciendo? ¿No ha resultado tardía la reacción del Gobierno para atender la contingencia? Vamos la sequía ni siquiera estaba considerado como un desastre natural de manera que los estados afectados por ésta pudieran tener acceso a los recursos provenientes del Fondo Nacional contra Desastres Naturales. Apenas en su pasada visita  a Durango, el presidente Calderón anunció que tras un gracioso decreto, ya se podría considerar a la sequía como un desastre natural ¿Y antes que era, una fiesta artificial?

Expertos también consideran -además de tardía-, irrisoria la cantidad destinada a atender el problema, cuando México cuenta con 147 mil millones de dólares en reservas internacionales, y considerando que con el problema coloca a cerca de 2 millones y medio de personas en riesgo de padecer hambruna si no se aplican las medidas suficientes y en tiempo.

Las primeras muestras de hambruna, aunque el gobierno local y el federal traten de minimizarlo, ya lo estamos viendo en la Sierra Tarahumara de Chihuahua, donde los gobiernos han desmentido por todos los medios, las versiones platicadas por los propios rarámuris sobre suicidios colectivos de indígenas y sus familias.

Sobre el tema todos han hablado, pero todas las declaraciones me parece que han resultado desafortunadas:

César Duarte, el gobernador chihuahuense dijo que el problema no era tan grave, que cuando mucho estaba afectando a 25 mil familias; José Luis Luege Camargo, el titular de la Conagua desestimó la situación y dijo que los tarahumaras son muy fuertes y son capaces de aguantar todo; y el Presidente Calderón dijo que él acababa de estar en la Tarahumara y que les llevó tarjetas en las que se depositarían los apoyos a los rarámuris, y que éstos podrían hacerlos efectivos en cualquier cajero automático.

Perdón ¿Cuántos cajeros habrá en la Tarahumara? ¿Sabrán los rarámuris para qué sirve el plástico que les dieron, suponiendo que se los hayan entregado? ¿Sabe qué una de las condicionantes de los apoyos de Oportunidades es contar con un domicilio establecido, y que la mayor parte de los tarahumaras viven en cuevas en la Sierra?

Cada estado, cada región y cada municipio afectado por la sequía vive-o sufre- sus muy particulares problemáticas.

Le doy un ejemplo, platicando con el alcalde de Viesca, Javier Escobedo Rey, me decía que a su municipio no le deberían dar el mismo trato que al resto de los municipios del estado en tratándose de este tema, porque a Viesca prácticamente lo ha secado el ‘progreso’ del sistema de presas de la cuenca Nazas-Aguanaval que abastece a la Comarca Lagunera.

Nuestra Comarca era una región de lagunas –de ahí el nombre-, entre ellas la Laguna de Viesca, que durante muchísimos años permitió que por las condiciones de su suelo, se generaran las salinas que por décadas mantuvieron boyante a Sulfatos de Viesca, aquella empresa que fabricaba la Sal Hada que estaba presente en las mesas de todos los hogares mexicanos, y a su vez generaba una cantidad importante de empleos a los viesquenses.

La construcción de las presas Lázaro Cárdenas y Francisco Zarco en la parte de Durango, donde nace el Río Nazas, secó a las lagunas de la comarca entre ellas –obvio-, la de Viesca; desaparecieron las salinas, Sulfatos de Viesca dejó de producir sal y muchos viesquenses se quedaron sin trabajo.

Por el otro lado les quedaba el río Aguanaval que sin presas de por medio llegaba con sus aguas broncas a bañar –y en muchas veces hasta a inundar- partes de Matamoros y Viesca que era donde terminaba su vida este río, cada año de importante o mediana precipitación pluvial.

En años de poca lluvia, tenían la esperanza de que los escurrimientos que se generaban en las sierras río arriba, entre ellas la de Jimulco, en los límites entre San Juan de Guadalupe y Barreal de Guadalupe, y que eran veneros de agua pura que pese al poco flujo, hacía que por el cauce siempre escurriera un hilito de agua al menos, para alimentar los humedales que daban posibilidad de sembrar a los productores de temporal.

Pero en la administración pasada en Durango, Ismael Hernández Deras –quien ahora busca un escaño en el Senado- decidió caprichosamente pese a la advertencia del terrible daño que eso iba a provocar, la construcción de la llamada Presa del Tigre en la zona del Cañón de la Cabeza, y con eso terminó de darle la puntilla a nuestra gente de Viesca y las partes bajas de Matamoros, los que hoy empiezan a tener problemas –sobre todo las comunidades más alejadas- para conseguir agua ya no para sembrar, sino para beber, para vivir, para sobrevivir.

En muchas de las comunidades de algunos municipios de nuestro estado, se viven situaciones si no de alarma como sucede en la Sierra Tarahumara, al menos sí de alerta para actuar cuanto antes y no tener nuestros propios rarámuris que si bien no se lancen a ninguna barranca porque acá no las tenemos, pero que sí empiecen a padecer hambruna.

Rumbo a Acatita de Baján en Francisco I. Madero y todo el camino hasta Químicas del Rey las condiciones no son muy diferentes, y merecen que se les ponga atención, porque esto está que arde. El Llano está en llamas, y quién sabe cuánto más vaya a durar esta situación.

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julianparra@coahuiltecamedios.com

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