Astor LedezmaPor Astor Ledezma

Al margen del presunto desvío de recursos, de la imagen absurda que Laura Bozzo pretende formarse ante las personas (abrazando damnificados en cámara lenta y con música de fondo, cual Teresa de Calcuta peruana/mexicana) es interesante el nivel de aceptación que tiene en un segmento notable de la sociedad. ¿Qué la vuelve tan exitosa, tan seductora, cuando somos conscientes de que su aporte a la televisión es por demás cuestionable?

Laura Bozzo presenta situaciones en las que muchas familias suelen verse reflejadas: maridos golpeadores, infieles, alcohólicos; mujeres sumisas que soportan la agresión por cuidar la apariencia ante los hijos y la sociedad.

El televidente asume que su caso particular no es tan extremo como el presentado en pantalla y, si aquel tiene arreglo, hay mayor posibilidad de que el suyo también lo tenga. Se experimenta en un principio una especie de satisfacción.

Luego aparece el hombre agresivo que representa la figura del macho: fuerte, arbitrario, desafiante; y la mujer violentada que en toda ocasión simboliza a la víctima. El espectador (en su gran mayoría mujeres) ve reflejada su experiencia personal y exterioriza la frustración y el coraje.

Es ahí cuando entra la gran salvadora (Laura Bozzo) mujer valiente que se revela ante el macho dominante; ejecuta la “castración” ante un público de mujeres regocijadas y devuelve su lugar a la persona sufriente.

La función de su programa es precisamente esa: jugar con lo más primitivo y reptiliano del ser humano; condenar al “malo” y sentir compasión hacia las “víctimas” para así satisfacer la necesidad de “hacer lo correcto” a través de otra persona, en este caso la señorita Laura.

Nos queda claro que la sociedad merece programas de calidad, pero es imposible erigirnos como entes morales y decidir lo que la gente debe o no debe de ver. Programas como “Laura de todos” utiliza la desgracia y el sufrimiento de los invitados (suponiendo que los casos sean reales) para remover las emociones de aquellos que, de alguna manera, muestran solidaridad ante una persona que no conocen, pero que sienten cercana a partir de la similitud de las vivencias.

Programas como el suyo dejarán de existir cuando lo humanidad deje de ser humana.

 

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