UNIMEDIOS/Jazmín Hilario.-

Dar prioridad al alcohol le costó la pérdida de un seno

Marichuy nunca imaginó que su adicción por el alcohol la cegara a tal grado de ignorar las señales que día a día le manifestaba el cáncer de seno que padecía, cuando los síntomas tomaron fuerza, acudió al  médico pero fue demasiado tarde, mientras el cáncer ganaba terreno, ella perdía parte de su cuerpo.

A los 13 años Marichuy comenzó a beber alcohol, las amistades que tenía en la secundaria fueron fundamentales para que el vicio se desarrollara más rápido, llevar cerveza en su mochila para tomarla en la hora del receso fue una rutina que acató a lo largo de su ciclo escolar.

Los golpes y regaños que recibió por parte de su familia no eran nada comparado a la necesidad que tenía de consumir bebidas alcohólicas, dormía bajo los efectos del alcohol y por las mañanas despertaba buscando lo mismo, jamás se dio cuenta que su vida transcurría de manera rápida y los momentos con su familia no regresarían jamás.

Así pasó 10 años, toco fondo cuando le diagnosticaron cáncer de mama, el cual ya estaba muy avanzado así que le tuvieron que extirpar un seno, nunca dio importancia a los malestares porque su prioridad siempre fue el alcohol.

“Ya no puedo tomar una cuba más, porque puedo perder una pierna o un brazo, ya tanto tratamiento, quimioterapias y radiaciones me perjudica, el alcohol destruye tu organismo, a mí me perjudico un 60 por ciento para que mi enfermedad se haya expandido rápidamente”, comentó.

Marichuy acepta que la ignorancia de minimizar esta adicción la llevó a tomar  varias decisiones dañinas para su salud y para su familia. Ahora para ella es todo un reto enfrentarse a la vida, una vida que no concebía sin el alcohol, adicción que la dejó marcada psicológica, emocional  y físicamente.

“El alcohol te destruye de una manera o de otra, destruye familias, si tienes trabajo o tienes hijos, esposo, todo, yo no llegue  a un psiquiátrico, no llegue a una cárcel pero sí llegue a un hospital y no pensé estar ahí y es cuando piensas, si yo no hubiera tomado, si no me hubiera desvelado, me hubiera alimentado bien, pero no lo fui y lo he aceptado”, destacó.

Sus dos hijos son el motor que la impulsa a continuar con su tratamiento dentro de Alcohólicos Anónimos, lugar al que acudió desde hace varias “24 horas” como ahí le llaman al tiempo que dejan de beber, y hasta la fecha ha aprendido a revalorarse como mujer, como madre y como persona.

La desconfianza en su familia aún persiste, pero asegura que poco a poco  ha ganado terreno para recobrar esos momentos con familia, aunque su madre no pudo ser testigo de este logro, sus hijos serán quienes la vean fuerte, lúcida y ante todo… Sobria.

 

Su embriaguez lo llevó a perder la pierna

Perdió la pierna izquierda a consecuencia del alcohol y es ahora cuando se siente más completo que nunca, tuvo que vivir en carne propia los efectos de su adicción, misma que lo llevaron a la desintegración familiar y a no poder formar una familia.

Tomar desde las 8 de la noche hasta entrada la madrugada, era un  factor fundamental que no podía faltar en las reuniones a las que asistía Manuel G.

A los 12 años tuvo su primer contacto con el alcohol, las reuniones se hacían más frecuentes y los pretextos para consumir sobraban, así pasó su vida hasta llegar a sus 18 años, cuando una persona le perforó la pierna izquierda, debido al grado de alcohol que consumió esa noche, no recuerda ni siquiera lo que pasó y mucho menos a la persona que lo atacó.

“Desgraciadamente enla Cruz Rojano se dieron cuenta que el piquete me había afectado la vena y me entró cangrena, yo no me acuerdo ni quien fue, ya me di cuenta después, era un piquetito de un centímetro, esa también es una característica del alcohólico que siempre minimiza uno las cosas y no nos atendemos”, refirió.

Pero ni si quiera este accidente frenó su manera de beber, al contrario, continuó tomando de forma descontrolada  por 10 años más, no trabajaba, llegaba tarde a su casa, discutía con su familia, no aceptaba las críticas de sus hermanos sobre su adicción, entre otros factores que desgastaban la comunicación en su hogar.

Cuenta que tomaba en exceso los fines de semana, después tenía que hacerlo todos los días, llegó a quedarse tirado en las banquetas, desmayado, escuchando todo pero sin poder hablar ni moverse y fue ahí cuando le dio miedo de no despertar, ahí nació su necesidad de sobrevivir sin consumir bebidas embriagantes.

En Alcohólicos Anónimos encontró una puerta abierta y sin duda decidió entrar, el programa de autoayuda ha sido el mejor aliado para enfrentar las críticas, en un inicio por haber sido alcohólico y ahora por ser una persona con capacidades diferentes e irónicamente es ahora cuando se siente más pleno y más completo que antes.