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Donde manda Don Panchito

POR JUAN BOSCO TOVAR GRIMALDO

UNIMEDIOS/ SALTILLO, COAHUILA. 09 de febrero 2019.- De un carácter fuerte, hosco, malhablado pero de convicciones muy firmes, Oscar Flores Tapia gobernó a Coahuila de 1975 a 1981. Quienes colaboraron en su administración recuerdan que había que hablarle como a un emperador y casi casi tenían que estar al pendiente de su estado de ánimo.

Sus cercanos colaboradores -más bien habrían preferido ser lejanos- y no tener que regresar a sus casas cargando de una a mil mentadas de madre a cuestas, porque así era de voluble su cambio de actitud conforme avanzaba el día. Todos, hasta los más ricos empresarios le temían, todos… menos don Panchito.

Casi al final de su gobierno, dicen, tenía la costumbre que antes de ir a dormir visitaba el rotativo que daba cuenta de toda la información de sus actividades, se llamaba el Diario de Saltillo cuyas instalaciones no estaban muy distantes del Palacio de Gobierno.

Sin tener pendiente del reloj, no previó la hora, era de madrugada y el periódico ya estaba cerrado. Este hecho le enfureció tanto, era tan fácil lograr su enojo y con la punta de sus lustrados bostonianos pateó el portón buscando no quién se la había hecho, sino quien se la pagara.

Del interior se escuchó la voz de una persona mayor: ¿Quién chingaos?- preguntó en el sereno.

Ábreme cabrón, ¿qué no sabes quién soy yo?

¡Pos’ si no lo sabe ni asté!!! ¿cómo quere que yo sepa?

Abre… hijo de la tiznada. Soy el Gobernador!!!

Pos’ por mi podrá ser el mismísimo Presidente y no le abro, retó la voz al interior.

Si no me abres abriré a balazos. Ya de verdad estaba enojado don Oscar y echó mano de la

38 Súper que siempre cargaba.

La respuesta no se hizo esperar, de las instalaciones del viejo rotativo sonaron tres tiros de una 45 y el mandatario corrió a refugiarse en su camioneta guayina.

Del coraje pasó al susto de su vida, no se reponía y parecía que el corazón se le salía cuando escuchó las palabras de reto. “Por muy gobernador que sea procure venir de día, porque de noche y aquí, nomás manda Don Panchito.

(en recuerdo las anécdotas que comparte Carlos Robles Nava)

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