Home >> Salvador Hdz. Vélez >> ¿Cómo funciona un celular?

Salvador-Hernández-VélezPor Salvador Hernández Vélez

Hace año y medio anunciaron la edificación del complejo óptico más grande del mundo en pleno desierto chileno. Este bloque astronómico cuenta con un sistema de espejos desde el cual se observarán las primeras galaxias y estrellas nacidas después del Big Bang y descubrirán planetas parecidos a la Tierra en sistemas solares vecinos. No cabe duda que cada día se desnudan realidades inimaginables.

En una reciente charla con estudiantes universitarios, comentábamos que el avance de los celulares y de las laps es un ejemplo de la velocidad a la que avanza la tecnología y la ciencia en el mundo.

Los jóvenes no tenían idea de cuándo se mandó el primer mensaje de texto desde un teléfono celular. Así que ya no pregunté sí tenían idea de cómo un mensaje que tecleas en tu aparato móvil se traduce en una señal que en cuestión de milisegundos se desdobla en otro celular.

Tampoco pregunté si saben si tendrán que ver algo los sistemas de numeración binarios. Usamos celulares, computadoras, televisiones y no nos preguntamos cómo procesan sus funciones. Mucho menos nos cuestionamos en qué realidad virtual se “trasladan” los mensajes. En consecuencia, es muy probable que ni siquiera pase por nuestra mente que se están descubriendo planetas parecidos a la Tierra en sistemas solares vecinos. ¡Tampoco las personas que usan celulares de última moda se lo imaginan!

Hace 25 años no pensábamos en aparatos móviles que tuviesen cámara fotográfica integrada, GPS para ubicarse en las coordenadas geográficas, dispositivos para escuchar estaciones de radio o ver canales de televisión, películas, videos, juegos y otras cosas más. Si no sabemos cómo funciona un aparato que tenemos en nuestras manos todos los días y es como un apéndice de nuestro cuerpo, ¿cómo es que nos podemos imaginar que existan otros planetas parecidos al nuestro?

Recuerdo hace unos seis años, una amiga me dijo que había llegado tarde a una reunión porque no había “querido funcionar su automóvil”; es decir, que “el auto se había encaprichado”. Le pregunté que si lo había mandado al mantenimiento y contestó: “¿Se necesita?”. Le cuestionamos si le revisaron la batería, y sorprendida expresó: “¿tiene?”, y agregó, “como ya no usan agua, pensé que tampoco batería”. Hacía un año había comprado el auto.

¿Hacia dónde va nuestra sociedad? En las instituciones de educación superior se ha apartado a los que estudian letras de los que se forman en ciencias. La formación que ahora se fomenta en esta época de especialización tan extrema y descompensada, es tan parcial, como incompleta. La ciencia y la tecnología han avanzado, diversificando y especializando las disciplinas, pero este proceder ha entrañado una pérdida de perspectiva global e integradora. En los ejidos, por ejemplo, se comenta que es tanta la especialidad de los agrónomos, que para resolver los problemas de asistencia técnica en el campo no es posible con tan solo contratar un ingeniero, y contar con varios es imposible. El experto del uso y conservación del agua, no sabe del uso y conservación del suelo, ya no digamos de mecánica, de fertilización, de plagas, o de otras necesidades en el campo.

Perdemos la brújula a tal grado, que los enlaces con las otras partes y con el todo ni los concebimos; omitimos la interdependencia de manera que nos es casi imposible restituir las piezas del rompecabezas para resolver los problemas que tenemos enfrente. Sin embargo, paradójicamente, nos hemos hecho cada vez más conscientes de la interdependencia de los múltiples problemas socioecológicos a los que hacemos frente, lo cual empuja también a esa nueva integración.

Urge, pues, encontrar vías para la recomposición de los saberes, con un enfoque sistémico, integrador y capaz de aprovechar toda la riqueza de la colaboración multidisciplinaria.

Por ello, es importante tatar de entender lo mejor del lenguaje de las ciencias para así poder entrar en los grandes debates que se avecinan.

A los científicos les conviene comunicarse con nosotros, pero nosotros tenemos que aprender su lenguaje para escucharlos. Este es el problema. Vivimos tiempos en que se venden teléfonos “inteligentes y libres” a gente a la que se quiere mantener sumisa y enajenada. Nos dicen: ¡Más tecnología, mucha más tecnología! Porque así obtendremos más justicia, más libertad real, más bienestar social, más igualdad y un mejor vivir ¿Será?

Salvador Hernández Vélez

jshv0851@gmail.com

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