Gobierno Abierto

Por Victor  S. Peña

Día Internacional contra la Corrupción, este 9 de diciembre

 La corrupción es más que aprovecharse de una posición privilegiada para apropiarse de lo indebido. La corrupción es atentar contra la dignidad de la persona, es hacer más pobre al pobre, es dañar al vulnerable.

A pesar de incontables diagnósticos, de campañas públicas para crear conciencia, de la creación de organizaciones ex professo y de reformas institucionales y legales para mejorar la administración pública, diversas investigaciones muestran que la corrupción continúa floreciendo. Los resultados del último Índice de Percepción de la Corrupción elaborado por Transparencia Internacional, al que ya me habré referido en algún otro espacio, para el caso de México es muy claro al respecto: En una escala del 0 al 10, donde lo más corrupto es el 0, México obtuvo un 3 colocándose, en una lista de 183 países, en el número 100; el año pasado, estuvimos en el lugar 98 y, hace un par de años, no llegábamos al 80. Vamos empeorando.

A través de la gestión pública pueden (y deben) introducirse cambios. La corrupción debe combatirse porque fomenta la desconfianza en las relaciones sociales, porque reasigna injustamente el dinero: porque premia la falta de escrúpulos y no el esfuerzo. Lo hecho a través de la corrupción, con el tiempo, desluce.

¿Qué hacer?

La transparencia es necesaria, pero no suficiente. Pablo Larrañaga, estudioso del tema lo ha dicho de manera clara: “lo central es tener en cuenta, pues, que desde una perspectiva estratégica de la transparencia como instrumento en la lucha contra la corrupción, lo verdaderamente determinante no es la existencia per se de información, sino que sea previsible que tal información sea relevante para las decisiones de los agentes públicos y privados que potencialmente puedan llegar a afectar a los interses/incentivos de los sujetos susceptibles de actos de corrupción”.

Además, entrar a la segunda década del siglo hablando sólo de transparencia muestra un grave atraso y la imposibilidad de aprendizaje: además de la transparencia, se requiere la participación comunitaria y la toma corresponsable de decisiones. Se necesita de un Gobierno Abierto.

Combatir la corrupción, por cierto, es sólo una de las virtudes del Gobierno Abierto. La participación y la corresponsabilidad generan orden al interior de las administraciones públicas e incide en la salud general de las finanzas.  Un par de ejemplos.

Desde el 2003, la Asamblea de Naciones Unidas designó el 9 de diciembre de cada año como el Día Internacional contra la Corrupción para crear conciencia del problema y la necesidad de combatirla y prevenirla. Para este 2011, el discurso oficial del Secretario General de este organismo, Ban Ki-moon hace una invitación que no podemos pasar por alto: Comprometámonos  -dice- a hacer la parte que nos corresponde tomando medidas enérgicas contra la corrupción, avergonzando a quienes la practican y engendrando una cultura que valore el comportamiento ético.

Valorar un comportamiento ético no viene por decreto, por cierto. Combatir la corrupción es crear el ambiente propicio para que cada quien tenga lo que le corresponde y la mayor parte de las decisiones sean justas.

El mensaje es claro, el problema está bien definido. Lo que ha faltado es voluntad.

@victorspena

www.victorspena.com

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