A LA BASCULAA 20 años de la muerte de Colosio

A la memoria de mi amigo Manuel González ‘El Meny’, que este domingo cumple un año de haber iniciado el camino del reencuentro con el creador, y a quien recordamos con muchísimo cariño, con el mismo con el que seguimos abrazando a Diana y a su pequeño hijo.

Por Julián Parra Ibarra

Eclipsada casi en su totalidad por el levantamiento e irrupción del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y el sisma que provocó en el gobierno de Carlos Salinas de Gortari a partir del primer día de enero de 1994, la campaña del entonces abanderado del PRI a la presidencia de la República, Luis Donaldo Colosio en realidad nunca terminó de prender, porque además, sobre todo a partir del 1 de enero de aquel año, que se mantuvo en el ambiente la sombra amenazante de un relevo de candidato.

La atención del gobierno salinista, de los medios, de todo el país e incluso de la comunidad internacional, estaba puesta en Chiapas. Quizá por eso muy pocos repararon en el hecho de que Luis Donaldo Colosio Murrieta estaba convertido en un candidato solitario, con muy poca custodia, sin el arropo del sistema, y con muy poco apoyo de su propio partido, el Revolucionario Institucional.

Los reflectores estaban más puestos en quien en su momento se sintió con todos los derechos de ser designado como candidato y sucesor de Carlos Salinas: Manuel Camacho Solís, que en aquel enero fue designado por el Presidente como Comisionado Para la Paz en Chiapas, hecho que provocó desde el primer instante la desconfianza de Colosio, sobre si el Presidente estaría analizando la posibilidad de relevarlo en la candidatura.

Acaso fue esa soledad y desarropo de quienes creía que debían abrazarlo en su camino rumbo a la Presidencia, que Luis Donaldo se atrevió a leer el 6 de marzo de 1994 frente al Monumento de la Revolución, el discurso que muchos calificaron como su ‘sentencia de muerte’, y en el que de alguna manera hacía reclamos a su propio partido y al presidente Salinas, y hasta se deslindaba de ellos.

“La fuerza del gobierno fue en buena medida la fuerza de nuestro Partido. Pero hoy el momento es otro: sólo nuestra capacidad, nuestra propia iniciativa, nuestra presencia en la sociedad mexicana y nuestro trabajo, es lo que nos dará fortaleza. Quedó atrás la etapa en que la lucha política se daba, esencialmente, hacia el interior de nuestra organización y no con otros partidos. Ya pasaron esos tiempos.

“Hoy vivimos en la competencia y a la competencia tenemos que acudir; para hacerlo se dejan atrás viejas prácticas: las de un PRI que sólo dialogaba consigo mismo y con el gobierno, las de un partido que no tenía que realizar grandes esfuerzos para ganar. Cuando el gobierno ha pretendido concentrar la iniciativa política ha debilitado al PRI. Por eso hoy, ante la contienda política, ante la contienda electoral, el PRI, del gobierno, sólo demanda imparcialidad y firmeza en la aplicación de la ley. ¡No queremos ni concesiones al margen de los votos ni votos al margen de la ley!

“¡México no quiere aventuras políticas! ¡México no quiere saltos al vacío! ¡México no quiere retrocesos a esquemas que ya estuvieron en el poder y probaron ser ineficaces! ¡México quiere democracia pero rechaza su perversión: la demagogia!”.

Y se siguió de frente: ““(…) El gran reclamo de México es la democracia, México, exige; nosotros responderemos. Yo veo a un México con hambre y con sed de justicia, un México de gente agraviada por las distorsiones que imponen a la ley quienes deberían de servirla. De mujeres y hombres afligidos por abuso de las autoridades, o por la arrogancia de las oficinas gubernamentales. Con firmeza, convicción y plena confianza declaro: quiero ser presidente de México para encabezar esta nueva etapa de cambio en México”.

Según narra en su libro ‘Estos años’, el periodista Julio Scherer recibió al candidato presidencial esa noche en la biblioteca de su casa, y que le soltó a quemarropa la pregunta “¿Conocía el Presidente tu discurso antes de que lo pronunciaras?”. La respuesta fue un “Espero que me comprenda”. Otra vez la pregunta “¿Conoció tu discurso?”. La siguiente respuesta fue tan corta como contundente: “No”.

El 22 de marzo de ese año, por órdenes de Salinas de Gortari, el Comisionado por la Paz declara a los medios que no irá por la Presidencia, e incluso se habría reunido para platicar con el propio Colosio, aparentemente para eliminar malentendidos y limar asperezas, e incluso el candidato logra hablar con Carlos salinas, lo que hasta cierto punto le devolvió la sonrisa y la calma, ignorante de la mala jugada que el destino le tenía deparada en menos de 24 horas.

Hoy sabemos, un par de décadas después en palabras del entonces gobernador panista de Baja California, Ernesto Ruffo, que desde el priismo local se lanzó tanto al mandatario estatal como al director de la policía de Tijuana, la petición de que no se enviara vigilancia de elementos de la corporación local. La historia de Lomas Taurinas ya todo mundo la sabe: atrapadas por las cámaras de televisión, las imágenes han sido revisadas, una y otra y otra veces. “Es el crimen más visto en la historia de México”, escribió Héctor Aguilar Camin en un espléndido texto en la revista Nexos (http://www.nexos.com.mx/?p=15662) titulado ‘El hilo roto’, apenas en la edición de febrero pasado.

El mismo Aguilar Camin relata en ese texto que el 30 de marzo, un día después del destape de Ernesto Zedillo como candidato sustituto de Colosio, que el presidente Salinas le confesó que la designación de Zedillo no había sido del agrado de Diana Laura, la viuda de Colosio: “’¿Por qué Zedillo? ¿No te dijo Pepe?’. Se refiere a José Córdoba, el jefe de la Oficina de la Presidencia. Según Diana Laura, antes de irse a la gira de Tijuana de la que no volverá, Colosio ha mandado decir al presidente que quiere a Zedillo fuera de la campaña. Según Salinas, Córdoba ha dejado pasar todo el proceso de consulta y nominación de Zedillo sin transmitir esto, omisión inaceptable”.

Un par de décadas después, este domingo 23 de marzo cuando se cumplan 20 años del magnicidio y cuatro fiscales especiales designados para la investigación del caso –Miguel Montes, Olga Islas, Pablo Chapa Bezanilla y Luis Raúl González-, son más las dudas que se han ido acumulando que las respuestas encontradas en torno al caso, aunque en el imaginario colectivo el veredicto está dado, y así lo escribe Aguilar Camin: El homicidio de un candidato de Estado ha de ser un crimen de Estado.

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Twitter: @JulianParraIba

 

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