Por Julián Parra Ibarra

El 27 de mayo de 2011 escribí en este mismo espacio en la dedicatoria de esta columna: A la memoria del periodista Eliseo Barrón Hernández, en su segundo aniversario luctuoso que a muchos en el gremio pasó de noche, y que no debiéramos tirar al olvido porque estaríamos condenados a que se repita una historia que nadie, jamás, quisiéramos volver a vivir -a padecer, a sufrir- ni en nuestras peores pesadillas.

El sábado 26 de mayo de 2012 recién pasado, se cumplió el tercer aniversario de la partida de ‘Cheo’, y en esta ocasión no fueron a muchos del gremio a los que nos pasó de noche la muerte del compañero periodista, hecho que en su momento nos motivó a al menos medio centenar de compañeros de medios que sacudiéndonos, reprimiéndolos o aguantándonos los miedos naturales por lo que había sucedido, salimos a las calles a marchar para protestar silenciosamente por el asesinato del colega y amigo.

En esta ocasión, no fue a muchos, fue a todo el gremio periodístico de La Laguna que nos pasó de noche, y es triste, desalentador y vergonzoso que la memoria de los periodistas, de los medios, de la comunidad, sea tan corta que apenas a tres años de su partida, ya nadie se acuerde de la partida de nuestro amigo Eliseo Barrón.

Desde muchas tribunas se exige la democratización de los medios, apertura, equidad, pero a pocos les importa si los periodistas son asesinados. Hay muchas exigencias, pero ausencia total de compromiso, de solidaridad, de apoyo.

Muchas frases: ‘para garantizar que el mensaje llegue, hay que proteger al mensajero’, ‘no se mata a la verdad asesinando periodistas’, pero pocas acciones para garantizar el trabajo y la vida de quienes trabajan como materia prima con lo que consideramos que es patrimonio de todos: la información.

En otras palabras, es obligación y compromiso de los periodistas garantizar que la información nos llegue a todos de la manera más clara y menos procesada, pero de nadie es el compromiso para garantizar que esto suceda, ni para garantizar la integridad física ni el respeto a la vida de los profesionales de la comunicación.

Con motivo del primer aniversario luctuoso de Eliseo Barrón Hernández, escribí una columna que titulé ‘¿Qué hay de nuevo?’, que sirvió como base de un comunicado emitido por la organización ‘Reporteros sin Fronteras’ desde su oficina central en París:

“¿Qué hay de nuevo?”. Es la pregunta que hace el periodista Julián Parra Ibarra ¿Hay algo positivo qué extraer de esta triste historia que nos pudiera hacer pensar que su partida no fue en vano?”, se pregunta el redactor. Desgraciadamente, como el periodista, amigo y compañero de Eliseo Barrón, llegamos a la misma conclusión abrumadora: “nada ha cambiado. Peor, nadie dice nada”’, dijo entonces el comunicado de ‘Reporteros sin Frontera’ que fue replicado por decenas de medios en todo el mundo.

Ese mayo de 2010 se realizó un sencillo pero muy emotivo acto en el que participaron compañeros y amigos del gremio periodístico, para recordar el primer año de la partida de ‘Cheo’. Recuerdo que escribí que el acto había sido “un recuerdo cariñoso y respetuoso del amigo, que volvió a mover fibras muy sensibles a todos, que a muchos volvió a hacer inflar los cachetes, a apretar los dientes y los puños, a dirigir la mirada hacia arriba, de intentar voltear hacia otros lados cuando las lágrimas empezaron a asomar a los ojos de varios, de muchos”.

Dije también: “Es inevitable, también renacen el mismo cúmulo de sentimientos, de dolor, de coraje, de impotencia, de rabia. Otra vez a repasar la película, a revivir uno de los momentos más dolorosos y desgarradores para el gremio periodístico lagunero. Javier Cassio nos hizo recordar los lemas de las mantas que portamos cuando días después de su muerte, los periodistas comarcanos salimos a las calles a marchar en repudio de la violencia: ‘Todos somos Eliseo’, ‘Esta guerra no es nuestra’”.

Un año más tarde, en mayo de 2011 cuando se cumplió el segundo aniversario luctuoso, lo que ya mencioné al principio de esta columna: a muchos en el gremio nos pasó de noche.

Otro año más, y ahora sí nadie –salvo su familia, supongo, Judith, sus princesas-, se acordó de la muerte de un compañero, pero sobre todo de un amigo ¡Que triste!

¿De verdad los periodistas, los medios, la sociedad misma que reclama de nosotros información en cantidad y en calidad que satisfaga sus apetitos informativos, tendremos la memoria tan corta? ¿Ya tan pronto, en apenas tres años se nos olvidó la consternación el coraje, el dolor, la impotencia, la indignación y el encabronamiento que dijimos sentir en su momento?

¿Apenas un año, y porque sabíamos que venía una representación de Reporteros sin Frontera, nos duró el recuerdo de la partida de ‘Cheo’?

¿Ya se nos olvidó lo que se siente, y volvemos a ver como lejanos y muy ajenos a nosotros los hechos en los que han perdido la vida recientemente compañeros periodistas en Veracruz?

¿La indignación por el asesinato tan cruel de un compañero tiene caducidad? ¿La vigencia del coraje y del dolor es de apenas dos años, que al tercero ya nadie nos volvimos a acordar, en los medios, de su partida?

Que tristeza, la verdad, y otra vez el coraje y la impotencia resurge, pero ahora por saber y comprobar el hecho de que tenemos la memoria tan corta y las convicciones tan endebles. La muerte de Eliseo no fue un hecho para olvidar. No, por el contrario, es un hecho que debiéramos tener presente siempre, todos los días, que no se nos olvide, porque los pueblos que olvidan su pasado están condenados a repetir la historia.

Y no, yo no creo que a nadie del gremio nos gustaría volver a vivir un momento como aquél ¿Entonces por qué la cortedad de memoria?

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